El Bloque admira al PNV

| JOSÉ MARÍA CALLEJA |

OPINIÓN

24 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

SE PONE el PSdeG-PSOE a pactar con el Bloque y le crecen los enanos de la discordia, se ponen los socialistas gallegos a colocar en sus listas personas no estrictamente socialistas, como el alcalde de Vigo, y le saltan las costuras orgánicas. Ahora resulta que llevarse bien con determinados nacionalistas -que también son socialistas, comunistas, de izquierda y de los grandes expresos europeos-, es endemoniadamente complicado. Como si no estuviera claro desde el primer momento. El Bloque pasa por ser el partido más anti Fraga del mundo mundial, pero luego resulta que se lleva de mil amores con Joseba Eguibar, un sujeto profundamente reaccionario, completamente xenófobo y altamente conservador en cuestiones de costumbres y de cartera. Asistimos en España a un espectáculo curioso como mínimo: gentes que se reclaman de la izquierda, como los del Bloque, están a partir un piñón con sujetos que pertenecen a un partido que está convencido de que hay personas de dos categorías marcadamente jerarquizadas: los nacionalistas y el resto del mundo; son sujetos imbuidos de que la diferencia no está en la clase o en la posición social sino en la adhesión a los principios fundamentales de un movimiento que, de tan complejo como es, resulta inefable. Ibarretxe, ese gran prócer del pensamiento occidental, acaba de decir que lo que queremos los vascos es que nos dejen ser como somos. ¡Qué nivel de análisis intelectual! ¡Qué precisión en los términos! Y, ¿cómo somos los vascos? ¿Como Joseba Pagazaurtundua, que era socialista, hablaba un euskera precioso y nació en Andoain? ¿O como Anasagasti, que es de Venezuela y le tiene tanto cariño al euskera como para no saber ni media palabra de esta lengua, como para no haberla estudiado jamás, como para renegar, públicamente y por escrito, de su aprendizaje? ¿Cómo somos los vascos, como los centenares que han sido asesinados por terroristas nacionalistas vascos o como los asesinos venidos de Castilla-La Mancha -Kubati-, de Extremadura -Paredes Manote-, o de Salamanca -López Riaño? ¿Cómo somos los vascos, como los que se han tenido que ir de la tierra en la que nacieron por culpa del fascismo vasco, como los que viven del presupuesto nacionalista, de la misma forma en que vivían los burócratas del franquismo? El delirio de Ibarretxe es tan insultante para la inteligencia, es tan reaccionario, es tan crispador, es tan sembrador de odios, es tan poco democrático, que uno no se explica cómo puede ser apoyado por gentes que se dicen progresistas. Es tan delirante que quien lo impulsa, cuando lo explica, dice cosas de ese estilo: «El mañana nos pertenece» -como cantaban los nazis de la película Cabaret -, o bien ¿qué hay de malo en ello? o, en pleno desmelene: que nos dejen ser como somos. Es tan complicado definir cómo es uno, como para definir cómo somos varios. Pero el nacionalismo vasco tiene hecho un estereotipo de cómo debe de ser el pueblo vasco y como la sociedad vasca es mucho más plural, más rica y diversa, se empeña en modelarla a martillazos, para que a golpe de sangre, de muerte, de miedo, el esquema de la sociedad vasca se anule y se pliegue a la de pueblo, concepto en cuyo nombre se han cometido los mayores y más sanguinarios atropellos de la historia. Uno ve a Beiras pasear de la mano de Eguibar, embelesado, recorriendo las calles de San Sebastián en pleno Festival de Cine, atento a las explicaciones que sin duda le suministra este timonel de la inteligencia al que, según propia confesión, le da más miedo España que eta (con minúsculas, por favor), y se le cae el alma a los pies. Ese embobamiento, que tiene que ver con ciertas envidias bastante patológicas, ilustra la devoción de una persona que se define nacionalista de izquierdas respecto de otra que se comporta como un reaccionario profundamente de derechas, pero que es también nacionalista. Ya sé que la política obliga a definir alianzas en función del análisis concreto de la situación concreta, pero está claro que esa sopa ideológica que es el Bloque, prefiere equivocarse con el PNV antes que acertar con el PSdeG-PSOE.