¿NO LES PARECE a ustedes que se habla demasiado de guerra? «Será porque existe un clima bélico», me explicará algún lector. Será por eso. Lo cierto es que hacía mucho tiempo que el Ejército español no recibía tanta doctrina bélica de la autoridad política. Hasta ahora, en las intervenciones públicas (es decir, para publicar) se hablaba a nuestros militares del papel de las Fuerzas Armadas en la sociedad moderna. Como mucho, se hacían aproximaciones a la teoría de la estrategia cambiante. Pero se ha producido un cambio cualitativo. Lo lidera el presidente del Gobierno, José María Aznar. Su intervención en el Ceseden marca un hito, porque alimentó la moral de los mandos con el anuncio de una mejora progresiva de sus medios, lo cual supone una mayor dotación económica. Y, sobre todo, porque planteó al Ejército participar en «acciones de carácter anticipatorio» en la lucha contra el terrorismo en cualquier lugar del mundo. Aunque Aznar se preocupó de negar que esto sea «una nueva doctrina de seguridad», no podrá evitar que sea entendido así. Y algo peor: que significa abrazar los principios de la guerra preventiva , que tan parcos resultados ha ofrecido hasta ahora. Tal posición demuestra que Aznar no buscaba sólo en Irak aquellos inmensos beneficios materiales que decía el hermano de Bush. No. Estamos ante la constatación de que obró por convicción moral e intelectual. A partir de ahí, la lógica aznarista suena: hay que convertir esa convicción moral en línea conductora de la política de Defensa. Si España «ya no ve pasar la historia desde la orilla del camino», su nuevo protagonismo ha de tener una vertiente militar. Debemos tener unas Fuerzas Armadas dispuestas a intervenir en cualquier lugar del mundo. Es decir: después de haber conseguido protagonismo mundial, ahora debemos acompañarlo con el peso de las armas. Lo siento: es muy fuerte, pero me ha sonado así. Ahí tiene don Mariano Rajoy una línea política a seguir. Y la seguirá, según prometió el presidente. Ahí tenemos al pacífico político gallego recibiendo como herencia un testamento bélico que no tenía precedentes desde las aventuras colonialistas del africanismo castrense. Si hace unos días don Mariano elevaba a su primera prioridad la lucha contra el terrorismo, nadie debe entender que hablaba sólo de ETA. Hablaba del terrorismo más lejano. Para mandar a nuestros soldados a luchar contra él, sólo hace falta sospechar que tiene armas de destrucción masiva. Tal tarea de grandeza no le corresponderá a Aznar, que sólo efectúa la siembra. Le corresponderá a Rajoy. Salvo que esta vez el PSOE sepa aprovechar este nuevo penalti. Pero no hay ninguna garantía.