«Donativos» y tele

MANUEL MARLASCA

OPINIÓN

CASI simultáneamente nos enteramos de la opacidad de los «donativos» a los partidos políticos (¿no sería mejor escribir la financiación?) y de que no habrá debate televisado entre los dos principales candidatos a la presidencia de la Comunidad de Madrid en las elecciones autonómicas del próximo domingo. Se evidencia con ambos datos alguna fragilidad de nuestro sistema de partidos y de nuestra ley electoral. Sobre lo primero y después de muchos años en el periodismo, puedo asegurar que ninguno de los partidos principales está libre del pecado de los «donativos» con aspecto de precio o de precio con aspecto de donativo. Si el «dinero B» pudiera hablar... no quedaría títere con cabeza en una relación de concesiones de licencias o de cambio de uso de suelo. Y es que si el referéndum de la OTAN (recuerden: de entrada no, y de salida... tampoco) necesitó de al menos una Filesa, las exigencias de los procesos electorales, con sus mítines, publicidad exterior, folletos, artículos promocionales, viajes e infraestructura en general necesitan donativos a los que las empresas no están dispuestas sin alguna contraprestación digamos discretamente que en especie. Vengo manteniendo que algo de todo esto se evitaría con la entrada en liza y en igualdad de condiciones de las televisiones públicas, aunque con toda probabilidad las privadas se sumarían de inmediato al espectáculo, como de hecho lo hicieron en los únicos «cara a cara» entre presidenciables (González-Aznar) que se han celebrado en una democracia que ha vivido demasiadas elecciones sin esos debates. A los que se celebraron entonces se refirió el profesor Jiménez de Parga -hoy presidente del Tribunal Constitucional- para mantener en un interesante libro que la televisión ha revolucionado los procesos electorales porque un «cara a cara» entre dos candidatos a la presidencia del Gobierno reúne más espectadores que la suma de asistentes a los mítines de todos los partidos políticos en toda España en cualquier campaña. Si estos debates estuvieran tasados, ¿se imaginan qué poca necesidad tendrían los partidos de esos opacos donativos? Lástima que los «cara a cara» se utilicen como herramienta de oportunidad: los exige quien los necesita para intentar ganar; y los niega quien con ellos se arriesga a perder.