Vigilantes

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

POR UNA VEZ, puede que todos tengan razón. Que cada una de las obras incluidas en el Plan Galicia dispone de su correspondiente dotación. Y que parte de lo asignado se vaya a proyectos ya aprobados con anterioridad al fatídico 13 de noviembre del 2002. Los Presupuestos Generales del Estado ofrecen, como cada año, todas las posibilidades de interpretación. Podemos decir que son unos presupuestos continuistas y al mismo tiempo que están ideados para impulsar el crecimiento. Podemos asegurar que la inversión en Galicia aumenta un 37% respecto al pasado año, y también que las partidas asignadas resultan insuficientes para nuestras necesidades. Pero hay datos que ponen al descubierto los pilares sobre los que se asientan estos nuevos presupuestos. Nadie puede negar que se realizaron con la mirada puesta en las próximas elecciones municipales y autonómicas. Y tampoco que mientras la partida de Defensa se incrementa en casi un 5% y la de seguridad en un 6%, las de Educación y pensiones lo hacen en un 3 y un 2%, respectivamente. Se ve cuáles son las prioridades para el Gobierno madrileño. Al margen de las luchas pueblerinas, que ya empiezan a brotar, y de que los 1.045 millones de euros que se invertirán el próximo año en Galicia no llegan ni para hacer las fotocopias del Plan Galicia, lo importante es que nos mantengamos vigilantes. Este no es más que el principio de un larguísimo camino. El que nos tiene que llevar a ocupar el lugar que nos merecemos. Con Prestige o sin él. Hay que seguir batallando contra la histórica postergación. Porque 1.045 millones de euros no es como para echarse a tocar las palmas. Pero es una enormidad si pensamos que los que lo decidieron son los mismos que siguen diciendo que lo del Prestige fue como un pequeño aguacero.