Plan Ibarretxe: el BNG tiene la palabra

| ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

¿QUÉ QUIERE decir el BNG cuando afirma estar de acuerdo con el plan de Ibarretxe para Euskadi? ¿Qué, cuando manifiesta que el PNV cuenta con su apoyo? ¿Qué, en fin, cuando crítica la intransigencia frente al plan del PSOE y el PP? Los gallegos tenemos derecho a que el Bloque despeje todos esos interrogantes cuanto antes; y que lo haga, además, sin los habilidosos subterfugios que tantas veces le han permitido salirse de rositas de los temas espinosos. Sí, los gallegos tenemos ese derecho por dos razones esenciales: en primer lugar, porque el plan Ibarretxe supone el mayor desafío a la democracia española desde el frustrado intento de golpe de Estado de Tejero; y en segundo lugar, porque el Bloque no es ya aquella fuerza extrasistema de comienzos de los ochenta, que carecía de cualquier posibilidad de llegar a gobernar. Lejos de ello, el BNG es hoy la segunda fuerza gallega en número de votos autonómicos y, por serlo, aspira legítimamente a gobernar la Xunta de Galicia. Ese es, de hecho, el objetivo esencial de su política. Una política que en democracia exige, consecuentemente, pronunciarse sobre las cuestiones esenciales que preocupan al cuerpo electoral: por ejemplo, la del futuro de las relaciones entre España y las tres provincias vascas. ¿Hasta dónde llega, en ese terreno, el respaldo del BNG a Ibarretxe y su partido? Lo más que han aclarado a tal respecto los líderes del Bloque es que el PNV cuenta con su apoyo y que el plan se adapta sin problemas a la Constitución. Lo segundo es sencillamente una sandez, sólo defendible desde una ignorancia tan supina como lerda: nadie, ni siquiera los autores de los dictámenes pagados por el Gobierno vasco, pone en duda la inconstitucionalidad del plan soberanista de Ibarretxe. Pero es, de cualquier modo, lo primero -es decir, la significación del apoyo del BNG al plan soberanista- lo que plantea a todos mayor preocupación. Para ir a lo concreto: ¿cree el BNG que el plan, de llegar a aprobarse como reforma estatutaria en el Parlamento de Vitoria, puede seguir adelante sin la anuencia de las Cortes?; ¿cree que es legítimo, en el supuesto de que las Cortes se nieguen a aprobarlo, que el Gobierno vasco convoque un referéndum a todas luces ilegal?; ¿piensa el BNG, en una palabra, que es legítimo romper las reglas del juego democrático a pura conveniencia? ¿Estaría dispuesto a apoyar, llegado el caso, la insurrección civil contra la democracia española anunciada el domingo por Arzalluz? Esas son, entre otras varias, las cuestiones fundamentales que debe contestar con urgencia el BNG. Todo lo demás es música. Y no precisamente celestial.