LUZ INTERMITENTE
22 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.ESCRIBO de telebasura con la legitimidad que creo me da el hecho de haber creado el primer programa de sucesos (prefiero la expresión francesa faits divers , «hechos diversos») de televisión, «Crónica en Negro», que mereció el Premio Ondas 1990. Era crónica periodística contada por sus protagonistas en la que no cabía otra cosa que no fuera el rigor desde puntos de vista científicos (criminalístico, judicial, psicológico, sociológico), sin la perversión del reality show que entonces alcanzó su punto de inflexión en la cobertura incalificable de «las niñas de Alcásser». Hay dos recientes ejemplos de esa telebasura que no se limita al llamado mundo rosa , sino que en ocasiones se nutre también de los «hechos diversos». Del primero, sólo unos datos: Programa de tarde; testimonio de una supuesta amante de Manuel Benítez El Cordobés : «Le encantaba que le hiciera pipí en la boca». Por si no se entendiera bien, la frase aparecía sobreimpresionada en pantalla. Del segundo (detención del presunto autor de los asesinatos de Mijas y Coín), asistimos estos días a un show televisivo con desprecio al rigor, al respeto al dolor ajeno, al análisis sosegado (las expresiones de supuestos expertos dan para un tratado de ignorancia enciclopédica) y hasta a veces atentatorias a la exigible defensa de los menores. Y eso es también telebasura. Se suceden entrevistas similares a las mismas personas que no aportan más que «lugares comunes», en las que se juega con los sentimientos y con las que se corre el peligro -como ha ocurrido ya- de estigmatizar a ciudadanos honrados sobre los que se crea la sombra de la duda en hechos gravísimos. Y no me refiero sólo al caso de Dolores Vázquez, la única acusada del crimen de Mijas hasta la detención del británico, y que puede acabar convertida en una víctima de un clamoroso error policial y judicial. Sé que hay otra telebasura instalada en los telediarios: la que oculta o manipula la realidad, con razones tan convincentes como la que solía dar un antiguo director general al presentador de un telediario cuando éste le contestaba con un «por supuesto» al recibir las instrucciones correspondientes: «Por supuesto no; por tu puesto» (y separaba bien el posesivo y el sustantivo), replicaba el director general. Pero de eso escribiré otro día.