EL REINO DE LA LLUVIA
17 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.LA AMENAZA de José Luis Rodríguez Zapatero de romper el Pacto de Estado para la reforma de la Justicia forma parte de la nueva etapa que el líder socialista quiere iniciar. Una etapa más agresiva y más crítica con el Gobierno. Lo anunció el pasado domingo en el multitudinario acto de Vista Alegre. Quiere pasar a la «ofensiva», según dijo. Más que a la ofensiva, lo que tiene que hacer Zapatero es pasar a la oposición. En la que nunca estuvo. Situarse en el lugar que le corresponde que es el de fiscalizar las acciones del Ejecutivo. Y aportar propuestas. Que no aportó ni una. A escasos meses de las generales los socialistas se encuentran en una encrucijada, al comprender que han perdido tres años de oposición. El desplome en las perspectivas electorales con una mayoría de españoles que dicen que ya ven a Rajoy como presidente, los tiene desquiciados. Destacados juristas socialistas y próximos al socialismo recomendaron, en su momento, que el PSOE no entrase en el berenjenal de apoyar el pacto firmado hace dos años. Pero inmersos en una estrategia equivocada no sólo suscribieron éste, sino que también apoyaron otros que el paso del tiempo ha cuestionado sobremanera. Como los de la lucha contra el terrorismo o el de la inmigración. Puede que el pacto de la Justicia arroje tantos aspectos positivos como negativos. Depende de quien realice el balance. Pero a estas alturas resulta, para un amplio sector de la sociedad, difícil de entender que los socialistas hagan añicos el acuerdo. Porque el problema que ahora tiene planteado Zapatero y los suyos no es coyuntural. El de seguir, o no, apoyando las propuestas populares. El problema que tienen es de identidad. De proyecto. De saber para lo que están. Porque la oposición está para eso. Para hacer oposición. Y lo que hace Zapatero es punto de cruz.