El PNV en su laberinto

| ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

16 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

«PARECE que el demonio dirige las cosas de mi vida». Con esta frase, triste e inquietante, tomada de una carta escrita por Bolívar en 1823, abre Gabriel García Márquez uno de sus libros más hermosos, El general en su laberinto , en el que el admirado premio Nobel colombiano se acerca, con su prosa recia e inigualable, a la vida del gran libertador. Eso mismo («Parece que el demonio dirige las cosas de nuestra vida») podrían decir hoy Ibarretxe, Arzalluz, Egíbar o cualquiera de los altos dirigentes de un partido, el PNV, que malvive también, desde hace mucho, en su propio laberinto. ¿Cómo explicar, si no, los acontecimientos increíbles que se han encadenado en aquella tierra castigada en tan solo una semana? El martes 9 de septiembre el Gobierno vasco anunciaba su decisión de demandar al Estado español ante el Tribunal Europeo de Estrasburgo por supuesta violación del Convenio para la Protección de los Derechos Humanos, a consecuencia de la disolución judicial de Batasuna, organización no sólo ilegalizada en España, sino incluida, al propio tiempo, en la lista europea y nortea-mericana de organizaciones terroristas. El mismo martes, el PNV y sus socios de Gobierno acordaban en la Mesa del Parlamento de Vitoria reconocer el derecho de los diputados de la ilegalizada Batasuna a obtener las subvenciones reglamentariamente previstas para los grupos adscritos a partidos que actúan dentro de la ley, violando con tal acuerdo de un modo flagrante los mandatos taxativos contenidos en sucesivas resoluciones del Supremo. Entre tanto, un día sí y otro también, se han venido sucediendo a lo largo y ancho de las tres provincias vascas minúsculas manifestaciones trampa convocadas por cualquier particular, pero decididas en realidad por Batasuna, que no puede, por orden de Garzón, convocarlas por sí misma. En todas ellas se ha gritado a favor de ETA y de sus presos, que lo son por haber cometido horrendos actos delictivos. La última de esas manifestaciones tenía lugar este domingo, un día antes de que dos pistoleros de ETA tendiesen una emboscada a dos miembros de la Ertzaintza, uno de los cuales resultó gravemente herido en el ataque. Una Ertzaintza que dirige el Gobierno vasco a través de su Consejería de Interior. Una Consejería que controla el PNV. Un PNV que ha convertido la defensa de Batasuna en uno de sus objetivos prioritarios de política interior. Una Batasuna cuya razón para existir no es otra que la defender a los etarras. Unos etarras, en fin, que acaban de intentar asesinar a dos miembros del cuerpo policial que dirige el PNV. Tal es su laberinto. Y tal su falta de decencia. Pero así, por desgracia, están las cosas.