EL PASADO SÁBADO, aprovechando la clausura de una convención de eurodiputados del Partido Popular Europeo, Aznar, asumiendo sin complejos el papel de profeta, impartía doctrina y pontificaba sobre los peligros apocalípticos que amenazan a Europa, si ésta no da prioridad a su relación-sumisión con EE. UU. Adoptando la ridícula pose de un estratega mundial que es capaz de adelantarse a los acontecimientos, el presidente del gobierno se ha limitado a repetir con puntos y comas, sin ninguna aportación propia, la estrategia y los puntos de vista de la Administración norteamericana. La construcción europea, según Aznar, ha sido posible, y todavía lo es, gracias a la alianza trasatlántica que garantiza nuestra seguridad, y advirtió sobre el peligro que representa la tentación europea de recomponer una política de seguridad propia. Quien preste atención a las declaraciones de Bush, Rumsfeld, Wolfowitz, Brzezinski o de cualquier otro portavoz de la Casa Blanca o del Pentágono, no albergará la mínima duda de que Aznar ha vuelto a ejercer-una vez más de muñeco del ventrílocuo. Al contrario de lo que piensan José María Aznar y Tony Blair, cuya actitud equivale a justificar el sometimiento de Europa a EE. UU., Francia y Alemania -cuya posición nada tiene que ver con lo que Freud denominó narcisismo de la pequeña diferencia- son plenamente conscientes de que el dominio mundial y la hegemonía de una sóla potencia es incompatible con su futuro y con el de Europa. Ésta es una de las cuestiones centrales que nos dividen a los europeos, y que condicionan decisivamente la construcción política del continente. Desgraciadamente, el presidente del Gobierno -y al parecer su sucesor- se ha empecinado en mantener una posición de incondicionalidad respecto a Washington que ha conducido a España a la irrelevancia internacional, y se ha instalado en una simpleza de análisis sólo superada por su ministra de Exteriores, a la que no volveré a mencionar para evitar la irrefrenable tendencia que los seres humanos mostramos a la crueldad. Así las cosas, la división europea se hace patente cada vez que es necesario tomar una decisión importante. Ahora aparece en todo su apogeo ante la pretensión de EE. UU. de aprobar una nueva resolución sobre Irak, que, por supuesto, cuenta ya con el apoyo incondicional de Aznar. Cuando la intervención ilegal en Irak, justificada con un grave engaño a la opinión pública mundial, se ha revelado como un fracaso clamoroso, cuando la situación en Oriente Medio empeora a ojos vista, EE. UU. busca reconducir la situación para lograr el mayor número de apoyos políticos, económicos y militares para continuar su estrategia unilateral. Sí, unilateral. Sobre ésto no deben existir dudas. El Gobierno norteamericano no pretende, en ningún caso, la vuelta al multilateralismo ni a la legalidad internacional. Sólo aspira a conseguir apoyos económicos y la legitimidad de la que carece. Pero Europa, salvo que levante su propia acta de defunción, no puede admitir que el unilateralismo triunfe por partida doble: en primer lugar, imponiendo sus puntos de vista, y después, haciéndose pasar por un multilateralismo, del que es un enemigo declarado. De como se resuelva esta transcendental cuestión dependerá el futuro de Europa y de cada uno de los pueblos que la componemos. Espero que en las elecciones generales del próximo año los ciudadanos tomen conciencia de que en ellas se juega también el papel de España en Europa y en el mundo. Con la satisfacción de que nuestra iniciativa de difusión de la bandera americana haya merecido tanta atención en su periódico, no puedo dejar pasar la ocasión de realizar algunas consideraciones acerca del artículo del señor Blanco Valdés del domingo. Es una lástima que lo suyo con las churras y las merinas dé para tanto. A pesar de su delicadeza intelectual, quizá no haya captado el contenido de nuestra campaña respecto a la bandera que desde hace algunos años preside tantos asuntos públicos y privados e invade la intimidad de nuestros domicilios a través de los medios. Tanta y tan hábil telebasura en los noticiarios sirve para excitar las mentes de nuestros jóvenes y menos jóvenes, y extenuar nuestras vidas con el archiconocido discurso único. La primera víctima de esta guerra semántica es la palabra Libertad, que tanto se utiliza como látigo de inconformes. Quizá no sea muy importante masacrar pueblos, destruir culturas, televisar guerras con efectos especiales y desplegar su presencia icónica hacia nuestras calles y costumbres a través de los macdonalds y las superproducciones de Hollywood emulando sus ejércitos salvadores. Es una lástima que su exquisita sensibilidad sólo le permita distinguir lo rancio en la izquierda y no en la propia política americana o en aquellos que a lo largo del mundo la sirven, realizando así el trabajo sucio, y no me refiero precisamente a las letrinas. Cuando se refiere a mí como un gran demócrata, no tenga usted duda. Desde hace lustros la practico. Otros la tienen que demostrar. Mientras unos la ejercemos cada día, otros se contentan con simplemente escribir sobre ella. Mis vecinos, señor Blanco, no quieren vivir en La Habana ni en California. Ellos han optado por Oleiros... pero usted nunca se preguntará por qué. ¿Quizá merecerían ser tachados de necios por tan acertada y sabia elección? Ángel García Seoane . Alcalde de Oleiros. Vivo en el sur de Galicia y trabajo en un hospital. Me pongo el uniforme de enfermera. Trabajé todo el verano y en la primera quincena de agosto algún día llegué a dudar de mi capacidad para cuidar pacientes. Cada día se morían varios, trabajábamos sin aire acondicionado y los pacientes llegaban en estado muy crítico. Todos sabíamos que el calor estaba descompensando las dolencias crónicas, a los pacientes inmunodeprimidos y a los ancianos. Leo hoy en la prensa gallega que los fallecidos por la ola de calor en Galicia fueron cuatro golpes de calor. Los otros estaban muy deteriorados ya. Y con eso se cierra la polémica, ahora que las funerarias ya no están colapsadas. Solo me queda pedir disculpas a los pacientes y a los familiares por las esperas en urgencias, por el trabajo hecho deprisa, por el personal trabajando bajo presión y acalorado. Y agradecerle la solidaridad entre ellos, los ventiladores que llevaron, la infinita paciencia y el ánimo que nos dieron. Ellos tienen mi afecto y admiración. Aunque no quepan en las estadísticas. Y mi reconocimiento también a todos los compañeros de los servicios de urgencias. Preparémonos para la gripe, ya está llegando. María E. González. Vigo.