Gestionar el miedo

| JOSÉ MARÍA CALLEJA |

OPINIÓN

11 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

DOS AÑOS después del brutal atentado terrorista que se llevó por delante la vida de al menos tres mil personas en el corazón de Nueva York, el miedo se ha instalado en la vida diaria de los ciudadanos de los EE. UU, el terrorismo aparece como la amenaza más seria contra la democracia y las guerras que ensangrentaban parte del Planeta se muestran, en el mejor de los casos, con el mismo grado de horror que antes del once de septiembre. El cataclismo que supuso el ataque a las Torres Gemelas ha quedado grabado, se ha atragantado, en el imaginario de los ciudadanos norteamericanos que si antes consideraban invisibles a buena parte de lo países del mundo, ahora no entienden por qué les odia tanta gente y les duele que en países tan significativos de Europa como Francia no se les reconozca el papel decisivo que los EE. UU jugaron en la liberación de la opresión nazi en el pasado siglo. Hay síntomas de que la tendencia a considerar invisibles a buena parte de los países del planeta se ha reforzado ahora ante lo que muchos consideran un ejercicio de ingratitud. Las reacciones desatadas en el exterior después del ataque, especialmente la Guerra de Afganistán y la de Irak, han dejado un saldo, provisional, desigual. En Afganistán se ha acabado con la medieval dictadura talibán, ha mejorado la calidad de vida material y se ha avanzado en lo tocante a las libertades. En Irak se ha derrocado una dictadura, se ha acabado con el régimen de un criminal feudal, pero la concentración de organizaciones terroristas en este país y el rechazo a la presencia de ejércitos extranjeros hace temer un futuro ensangrentado en la zona. La ordalía de sangre entre israelíes y palestinos continúa a pesar de que se anunció un eventual efecto bálsamo en aquel conflicto después de que Sadam Huseín cayera. La actual administración norteamericana ha dado una sensación de división, dudas y utilización de una situación sangrante en su propio beneficio electoral que irrita a no pocos de los que entregaron su solidaridad después de la matanza de setiembre. En España ha habido una movilización ciudadana sin precedentes contra la Guerra de Irak, infinitamente mayor, desde luego, que las tímidas muestras de solidaridad expresadas después del 11-S con el pueblo americano. El sentimiento antinorteamericano, fuertemente arraigado en importantes sectores de la población española, esta hoy si cabe más vigente que antes del gigantesco atentado que algunos interpretaron como una especie de justicia poética, un merecido castigo a quienes se culpaba de todos los males del mundo. El bloque soviético se ha disuelto como una azucarillo y las obsesiones belicistas que antes desataba en los EE. UU. han sido sustituidas ahora por la ofensiva total contra el terrorismo, un enemigo si cabe más peliagudo de combatir por su carácter escurridizo, por su no configuración como un ejército convencional que disputa un territorio delimitado. El actual Gobierno norteamericano ha hecho una gestión del miedo en su propio beneficio y ha aprovechado el entendible auge del sentimiento patriótico, desatado después de la matanza entre los norteamericanos, para laminar cualquier disidencia política y para enjaretar una ley que cercena parte de las libertades en un país que presume de tenerlas en grado sumo. Dos años después quizá existe más miedo, se han excitado recelos respecto de otros países y se ha reforzado la tendencia al unilateralismo. La amenaza contra las libertades que constituye el terrorismo permanece vigente y tengo la sensación de que se quedará a vivir entre nosotros una larga temporada. Leo con mucho interés en la sección de Deportes del pasado 9 de septiembre un artículo escrito por José Manuel Fernández, en el que habla de nuestra estupenda selección de baloncesto. Y leyendo, leyendo, me encuentro con el siguiente comentario: «El entrenador Moncho López consigue que la selección española practique la mejor defensa del Eurobasket de Suecia, sin necesidad de gritar». Al leer esto, me quedé sorprendida. Primero, he de decir que me llamó la atención que el periodista resaltase esto y, segundo, compruebo que es posible triunfar sin estar aliado con las famosas subidas de tono. (Al hablar de subidas de tono ya sabemos todos a qué me estoy refiriendo). Moncho López: Supongo que los jugadores a los que entrenas están muy agradecidos de tu autocontrol, de tu inteligencia y de tu buen hacer. Nosotros, padres y aficionados en general, también lo estamos. Es un placer saber que un gallego como tú nos representa tan bien allí por donde va. ¡Moncho López, eres grande! Charo Fernández. Vigo. Llevan muchos años diciéndonos las aerolíneas que hay que centralizar vuelos para hacerlos rentables, pero nosotros, erre que erre. Por ello ahora nuestros aeropuertos son meras sucursales de Barajas. Santiago tiene ocho destinos internacionales, A Coruña dos y Vigo, uno. Penoso. Mientras, Oporto tiene 35 y los gallegos que quieren ir a ciudades como Milán, Francfort, Stuttgart, Manchester, Niza, Marsella, Lyon, Viena, etcétera, tienen que irse a Oporto. Y ante esto los alcaldes sólo se quejan de la baja inversión, como si ése fuera el problema. Simplemente, las aerolíneas prefieren mandar un avión al cien por cien de ocupación desde un solo aeropuerto y pagarle el taxi al cliente, que tres al 30 por ciento y con más coste. Así de claro. No queremos hacer 60 u 80 kilómetros hasta otra ciudad gallega, pero vamos a más de 250 kilómetros a enriquecer al vecino. Un despropósito. Aunque lo echen a suertes pero, ¡decidan de una vez con qué aeropuerto nos quedamos! Lugo. Segundo o presidente Bush, os inimigos da humanidade son Irak, Irán e Corea do Norte, principais candidatos para os seus próximos exercicios de tiro ao branco. Supoño que el chegou a isa conclusión ao cabo de profundas meditacións, pero a súa certeza absoluta paréceme, polo menos, digna de dúbida. E o dereito á dúbida e tamén un dereito humano, ao fin e ó cabo, aínda que non o mencione a Declaración das Nacións Unidas. Se a maquinaria militar non mata, oxídase. O presidente do planeta anda paseando o dedo polos mapas, a ver sobre que país caerán as próximas bombas. Tamén pensa que foi un éxito a guerra de Afganistán e a de Irak, que castigou aos castigados e matou aos mortos; e xa se necesitan inimigos novos. Pero nada teñen de novo as bandeiras: a vontade de Deus, a ameaza terrorista e os dereitos humanos. Teño a impresión de que George W. Bush non e exactamente o tipo de traductor que Deus elixiría, se tivera algo que dicirnos; e o perigo terrorista resulta cada vez menos convincente como coartada do terrorismo militar. ¿E os dereitos humanos? ¿Seguirán sendo pretextos útiles para quen os fan puré? «Todos os homes nacen libres e iguais en dignidade e dereitos», reza a Constitución. Que nacen, pode ser; pero aos poucos minutos faise o punto e a parte. Agustín Trigo Ventureira. Carballo (A Coruña).