También una página de historia de España

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

10 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

POCOS SOSPECHARON que aquel 11 de Septiembre tuviera tanta repercusión en España. Pero, a efectos de política exterior, fue como si los aviones se hubieran estrellado en nuestro país. El gobierno Aznar, que considera al terrorismo como el primer problema nacional, recibió la noticia con miedo: eso nos puede pasar a nosotros; con sensación de doloroso alivio: la violencia terrorista no es exclusiva española; y con esa lejana esperanza que hace virtud de la necesidad: ahora que los terroristas atentan contra los más poderosos de la tierra, habrá una reacción global contra ellos. Por eso, José María Aznar estuvo siempre del lado del agredido Bush, sin «inventar diferencias ni matices». Sintió la solidaridad de la víctima. Respaldó sin discusión los pasos del presidente americano. Pidió participar en las decisiones de represalia y consiguió ser llamado a la cumbre de Azores. Se mostró dispuesto a asumir un coste de popularidad. Aceptó con disgusto que le llamaran «belicista». Y, políticamente, prefirió distanciarse de los vecinos francés y alemán: la «razón ética» estaba en la Casa Blanca. Sólo se dejó de ver esa bandera ética el día que el hermano de Bush, Jeb, nos anunció «grandes beneficios» por la alianza. El seguimiento de Bush ha sido tan apasionado, que hay quien piensa que Aznar se ha excedido. Pero, en todo caso, siempre se ha justificado en el argumento terrorista que nació en las Torres Gemelas. Ese fantasma le llevó a encendidos discursos en el Parlamento. Activó las actuaciones policiales con aciertos y errores. Y condujo al traslado de tropas a Afganistán en misión humanitaria y a Irak en misión claramente militar, en el lado de los ocupantes. Pero hay algo de mayor trascendencia histórica: España ha dejado su proverbial neutralidad ante los conflictos y se ha alineado con Estados Unidos. Ha abandonado la delicadeza con que trataba los asuntos árabes, y se ha puesto en contra del islamismo radical. Y ha vuelto a la órbita de Washington después de décadas de ambición y pasión europeísta, con un discurso discutible: Europa no puede vivir sin el paraguas de América. Sólo hay una sombra que perseguirá a Aznar durante toda su vida: lo ha explicado mucho, pero lo ha explicado mal. No ha conseguido responder a la acusación de que ha ocultado informaciones al Parlamento. Hay multitud de españoles (véase la última encuesta de la SER) que piensan literalmente que les ha mentido. Los argumentos con que metió a España en la supuesta guerra contra el terrorismo en Irak no se han confirmado¿ Y todo empezó un día como hoy: un 11 de septiembre en Nueva York. Ahí también se abrió una página de la historia de España. Todavía sigue abierta.