El coche usado

| MANUEL MARLASCA |

OPINIÓN

DICE RAFAEL Simancas que dejó el coche con las puertas abiertas, lo robaron y lo vendieron. Aunque entre las virtudes del líder socialista madrileño no figura la de la dialéctica, demos por válido el ejemplo para explicar la traición de Tamayo y Sáez, que nos lleva a la nueva jornada electoral del 26 de octubre en la Comunidad de Madrid. Pero quede claro que el coche lo conducía y lo sigue conduciendo el propio Simancas; y que él permitió que se subieran, entre otros muchos, Tamayo y Sáez, frecuentes compañeros de viaje de Simancas. En todo caso, me temo que el coche estaba usado cuando se puso en marcha para las elecciones del pasado mayo, rateó su motor el 10 de junio justo cuando había que exigirle su mayor poder de aceleración y acabó asomando las bielas por el bloque. Ha pasado una revisión por el taller de la comisión de investigación, pero no deja de ser un coche usado que Rafael Simancas se empeña en conducir en la carrera del próximo 26 de octubre en la que, toquemos madera, ha de proclamarse un vencedor aunque sea por foto finish y que ostentará el título durante cuatro años solo -aunque mejor sería escribir sola, si quien gana es Esperanza Aguirre- o en compañía de otros, porque no parece probable que con el coche usado, por mucho que se afine en el taller de aquí al 26 de octubre, Simancas pueda ganar por mayoría absoluta. Cristina Alberdi, que no viajaba en el vehículo, aunque sabía de su existencia, porque pertenecía a la Ejecutiva de la Federación Socialista Madrileña, ha optado por presenciar esa carrera desde fuera, pero sin devolver su acta de diputada socialista, que el partido se empeña en reclamarle. Así que como a cualquier discrepante, el PSOE ha abierto expediente a Cristina Alberdi, que ya se sabe aquello de que la discrepancia en la oposición es rebeldía, mientras que en el poder es prueba del rico debate ideológico del partido. Hace tiempo que la ex ministra socialista discrepa de su partido y es la única dirigente que ha hecho autocrítica de la traición de Tamayo y Sáez. Y eso resulta imperdonable, porque sin duda podría pasar factura en las elecciones del 26 de octubre. Lo que nadie sabe es la que va a pasar el hecho de haber reducido el episodio al de un coche al que le han dejado las puertas abiertas y el motor en marcha.