ENTERARSE de cuáles son las preocupaciones esenciales de los ciudadanos resulta sencillo. Basta con bajar a tomarse unas tapas con unos amiguetes y escuchar su cháchara con las orejas abiertas. Quien haga este sencillo ejercicio percibirá al instante que todo el mundo habla de lo mismo, que hay dos asuntos cruciales que mantienen en vilo a la gente. Se trata, por supuesto, de la reforma del Senado y el reencaje de las autonomías en el mapa constitucional. Zapatero, haciendo gala de un fino oído para captar los anhelos de la calle, ha convertido ambas cuestiones en el epicentro de su discurso. En lugar de hablar de la distribución de la riqueza, o del buen empleo, lo que se lleva ahora en el socialismo español es la reforma del Senado. Una elegante estrategia que hace que ya nadie repare en que Rajoy aún tiene que ganar las elecciones.