CARLOS G. REIGOSA
25 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.CURIOSA paradoja: Hillary Clinton ha escrito sus memorias, no sólo para recordar el pasado, sino, sobre todo, para afianzar su futuro, en el que no se descarta la presidencia de Estados Unidos. De este modo, su libro, con un millón de ejemplares vendidos y ocho millones de dólares cobrados por los derechos de publicación, se ha convertido, no en el balance o cierre de una carrera, sino en un motor más de esa misma carrera hacia nuevos y mayores horizontes de grandeza en el ámbito político. Hillary no dice que sea así, evidentemente. Por el contrario, habla del pasado como de la una época plena y feliz, afortunada, que lo tiene casi todo, pero, al mismo tiempo, nos recuerda el papel importante que tuvo en las decisiones de su esposo en su etapa como presidente, se define como «un socio» de su marido en sus esfuerzos políticos y confiesa que éste le pedía consejo y ella se lo daba. La realidad es que estamos ante una mujer inteligente y pragmática, fiel a unos valores familiares y sociales de justicia y de tolerancia, que tiene sus ojos puestos en una casa blanca que ya conoce y que hoy ve administrada por un férreo reaccionario. Su llegada quizá podría ser lo mejor que le pasase a EE.UU. y a los demás.