Ética y aparcamiento

| JOSÉ RAMÓN AMOR PAN |

OPINIÓN

13 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

SE HABLA mucho en las últimas fechas de atropellos y accidentes de tráfico. Las cifras de muertos asustan. Fácilmente echamos la culpa a las circunstancias. Permítanme que discrepe. Civismo es la palabra adecuada. Que no está de moda, por otra parte. Soy conductor, pero hoy escribo como peatón. Habría que hacer ejercicio de autoevaluación. Porque lo que falta son grandes dosis de respeto a las normas, que parece que no van con nosotros. Quiero detenerme en algo tan sencillo como los pasos de cebra y las esquinas de nuestras calles. Nos hemos gastado cantidades nada pequeñas en señalizarlos adecuadamente y en rebajar la altura de las aceras para facilitar el paso de las sillas de ruedas, los coches de bebés y el trabajoso caminar de los mayores o de los discapacitados. Pero ahora resulta que los particulares entienden que ése es el mejor lugar para estacionar y los repartidores la consideran la mejor zona de carga y descarga. Les resulta difícil comprender que su acción perjudica seriamente a los intereses legítimos de personas altamente vulnerables. Y, si coincides con el infractor, no abras la boca porque tienes mucho más que oír... Llevaba razón Ortega al afirmar que la claridad es la cortesía del filósofo; por eso, coincido con Gonzalo Ocampo en que la solución está en la educación y en hacer cumplir rectamente las normas, que son la base de toda convivencia. ¿Dónde están la policía municipal y la grúa? Un Estado que no protege a sus ciudadanos más débiles en cuestiones tan elementales no cumple su función. Hoy la moral y la educación en la obediencia son un artículo de primera necesidad. Todo necio, decía Machado, confunde valor y recio. Quien no tiene sensibilidad para valorar sus acciones en función de los derechos de los demás mal puede adentrarse en el mundo moral. Respeta como quisieras que te respetaran.