Políticos fuera de lugar

GERARDO G. MARTÍN

OPINIÓN

TIENE RAZÓN Méndez Romeu, en su iniciativa parlamentaria para denunciar el nombramiento de Manuela López Besteiro como presidenta del Consello Social de la Universidad de Santiago. Se trata «de una evidencia de la ocupación de espacios de participación social por el partido del Gobierno», lo que no lleva a la conclusión de que está «en línea con el sesgo autoritario del PP», que no niego, simplemente amplío. Todos los partidos han hecho lo mismo con éstos y otros cargos. Con Franco, buena parte de los políticos de nivel entraban en el limbo de los justos, y pasaban del sillón del Consejo de Ministros a la Presidencia de una importante empresa pública. Después, las cosas no han cambiado. Al proliferar órganos de control y participación, se les han abierto más vías. Es el caso del Consello Social de la Universidad gallega, que «é o órgano de participación da sociedade, a través dos seus diversos sectores, no goberno e administración da Universidade». Es decir, lo normal es que al frente de ese organismo estuviera un profesional destacado como tal, no por el hecho de haber hecho carrera política, como Manuela López Besteiro. Lamentablemente esto se repite, por ejemplo, en las televisiones públicas, plagadas de consejeros que lo son después de haber sido parlamentarios, o porque han ejercido como directivos de medios públicos -es decir, muchos de ellos políticos disfrazados- e incluso se llega al extremo de incluir a antiguos altos funcionarios de formaciones políticas. A la vista de éstos y otros antecedentes, no es extraño que en la Tercera Encuesta Mundial de Valores, se reduzca a un 27 por ciento el número de españoles que tiene confianza en sus políticos. La invasión de espacios reservados a la sociedad, la tergiversación representativa en muchos órganos, ocupándolos profesionales de la política, confirma un afán de control y un temor a la sociedad que resultan inquietantes. López Besteiro es un caso más...