Las arias de don Inocencio

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

08 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

COMO SI fuese un cantante -de los que interpretan a Rossini- don Inocencio Arias, embajador de España en la ONU y usuario pertinaz de pajaritas, acaba de aprovechar un curso de verano para soltar lo que nadie nos había dicho ni en las comparecencias parlamentarias de la ministra Palacio, ni en las siderales declaraciones de Aznar. Y eso es tanto como decir que, gracias a la impresionante aria de don Inocencio, los españoles podemos saber que nuestro Gobierno picó como un pardillo en el enojoso asunto de las armas de destrucción masiva, que al líder más mundial de la coalición de las Azores le contaron las mismas trolas con las que intentaron que los angoleños y los chilenos votasen a favor de la invasión, y que nadie había previsto el escenario de terror y caos en el que ahora nos encontramos. Claro que, una vez aceptado que un personaje tan frívolo y locuaz como Arias pueda ser embajador en la ONU, carece de sentido alarmarse por sus reflexiones, o esperar a que el señor Aznar se sienta aludido por esta desafinada cantata que pone en ridículo la finta más ambiciosa de nuestra política exterior. Por eso me temo que estoy despilfarrando este trozo de papel que sólo me sirve para volver sobre un tema y unos personajes que ya no pueden caer más bajo de lo que cayeron aquel día en que Colin Powell se presentó en el Consejo de Seguridad con diapositivas trucadas y con un frasquito de penicilina, vacío y sin etiqueta, que estaba destinado a convertirse en la prueba de cargo de una guerra que iba a provocar la destrucción de una nación y el asalto obsceno a sus pozos de petróleo. Ello no obstante, creo que vale la pena insistir en lo dicho por Inocencio Arias, para evitar que, mediante la estúpida hipótesis de que aparezca una botella de lejía en un fregadero de Basora, nos cuele de matute la justificación de una invasión. Porque lo que hace injusta y terrible la guerra de Irak no es el hecho de que se haya desencadenado por un informe erróneo, sino la evidencia de que fue declarada por una autoridad ilegítima, en contra de la legalidad internacional, y con objetivos y formatos que están condenados en todos los acuerdos del mundo moderno. Por eso hay que decir que el posible hallazgo de armas de destrucción masiva no convertiría en legal lo que es ilegal, en justo lo que es injusto, ni en adecuado y eficaz lo que ya se vislumbra como una chapuza militar antológica. Ésa es la razón por la que el pueblo iraquí se defiende a sangre y fuego, hasta poner nerviosa a la mayor potencia del mundo. Porque los americanos ya están pensando en salirse del avispero y dejarle al mundo otro embolado. Cosa que Inocencio Arias nunca podrá entender.