Pacto por la decencia

| GERARDO G. MARTÍN |

OPINIÓN

05 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

EL CALOR agosteño parece igualarlo todo. También en la política están apagando los fuegos con media docena de pobres ramas y unos voluntarios que tienen más ganas de quedar bien que recursos para su tarea. En lugar de haber hecho las listas electorales con criterio, es ahora cuando, descubierto el gran lío de la Asamblea de Madrid, el PSOE se apresura a dar garantías de que va a sanear sus candidaturas. Y nos enteramos de que, según la versión que le llegó a Jesús Gil por parte de algunos interesados en el pacto, si el PP no entró en la moción de censura de Marbella no fue por decencia, sino porque participaba el PSOE. Este solo hecho, de considerarse incompatibles entre los partidos mayoritarios, antes que con un engendro llamado GIL, debería ser motivo para iniciar el trámite de expulsión de quien tomara tales derroteros. Si a las dos grandes formaciones políticas del país no les diera vergüenza emprender este camino, antes de nada habría que hacer pactos por la decencia. Pactos predemocráticos, que ayudaran a llevar a la opinión pública confianza en esos partidos. Para que ante espectáculos tan lamentables como el de Gil-Muñoz, la reacción ciudadana fuera de considerarlos bichos raros y no prototipos de la clase política. Es evidente que las más de las veces los serios problemas en que han caído los partidos, no habrían tenido la importancia que han alcanzado si se hubieran cortado de raíz. Hay que limpiar a fondo unas organizaciones políticas que parecen en general infiltradas por sinvergüenzas. Si no existe decoro en el comportamiento, difícilmente se puede creer en compromisos grandilocuentes. La política está hecha de gestos, realizaciones, autocontroles, respeto a las minorías y mil cosas más, entre ellas una actitud ejemplar. El problema del conflicto entre Jesús Gil y Julián Muñoz es que muchos ciudadanos no tienen argumentos sólidos a mano para asegurar que buena parte de los restantes políticos son distintos. Hay que dárselos ya.