Otra metedura de báculo

| RAMÓN BALTAR |

OPINIÓN

LOS TEÓLOGOS al servicio de la oficina rotulada de Doctrina de la Fe hacen todo lo que pueden para que su Dios pierda clientela. Al documento sobre las uniones entre homosexuales le falta compasión evangélica y le sobra ideología. La jerarquía católica, que alardea de defensora de los marginados, muestra crueldad inhumana al estigmatizar a uno de los grupos más humillados y machacados: el de las personas que sienten atracción amorosa hacia las de su mismo género. La propuesta de acogerlas «con respeto, comprensión y delicadeza» no alivia su situación social y legal. Cuando la sociedad civil está ya dando pasos para que su vida afectiva no les resulte una pesadilla, los tridentinos azuzan a sus fieles contra los legisladores. La reflexión difundida cae en la trampa saducea de igualar código moral heredado con ley moral natural, salto sin fundamento. Y en el desfasado dualismo que separa en el hombre espíritu y materia, cuya atadura en corto es requisito de la virtud. Abreviando: los gozos carnales se toleran por no más que por no enmendarle la plana a Yavé que, como es público y publicado, mandara multiplicarse. Todas las relaciones sexuales sin finalidad reproductiva se condenan por inmorales. Para convencernos de que se trata de una perversión peligrosa, los autores apelan incluso a la razón biológica de la amenaza a la continuidad de la especie. Bachillería que tiene su gracia en pluma de célibes voluntarios. Lo que dice la ciencia es otra cosa: la homosexualidad es un hecho tan natural como la heterosexualidad. Dado el tenor de la nota, fue un error dirigirla también «a todas las personas comprometidas en la promoción y la defensa del bien común en la sociedad». Entre ellas abundan las que intuyen que Jesús de Nazaret no apedrearía a los homosexuales.