¿Continuará...?

| ROBERTO BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

A PUNTO de cerrarse la temporada invierno-primavera 2003, de la política española sólo quedan ya en activo los rescoldos del volcán. Es decir, los refugallos: la astracanada marbellí y el culebrón que en Madrid protagonizan Bonnie and Clyde. Por eso, y a salvo de imprevistos, la entrevista de ayer del presidente de Gobierno con el Rey permite echar el cierre hasta septiembre. Las vacaciones de verano nos permitirán, así, comprobar una vez más lo que de todos es sabido: que los políticos no son sólo los insustituibles agentes públicos que permiten hacer frente en democracia a la solución de los problemas, sino también con mucha más frecuencia de la que sería deseable el origen mismo de unos problemas que sin su sectarismo tendrían tantas veces más fácil solución. Reflexionen, si acaso creen que exagero. ¿Cierran los hospitales en agosto? No, señor. ¿Cierran los aeropuertos o las estaciones de autobús? ¡Qué van a cerrar! ¿Dejan de publicarse los periódicos? En absoluto: ahí están, cada mañana en el quiosco. Sí, en agosto, como en enero o en febrero, se ponen multas de tráfico, se recogen las basuras y se garantizan todos los servicios que nos permiten vivir con el confort que el Estado asistencial nos asegura. Lo único que en agosto desaparece de pronto de la escena son las peleas de gallos a las que nuestra clase política nos tiene por desgracia acostumbrados: las indecentes homilías de Ibarretxe, las ideas geniales de Maragall, los insultos sin ton ni son de Arenas, las simplezas demagógicas de Llamazares o las insoportables regañinas del presidente del Gobierno. Y es que en agosto, por fortuna, Aznar, Maragall, Arenas, Llamazares o Ibarretxe están también de vacaciones descansando. ¡Y dejándonos descansar a los demás! Agosto es así como una especie de espacio vacío de la parte de la política democrática que resultaría perfectamente prescindible y que, sin embargo, avanza día tras día de modo inexorable: la de la bronca permanente. La de la política sectaria que se alimenta sólo de sí misma, al margen de los problemas reales de quienes debemos aguantarnos contemplando como se zurran tirios y troyanos en una guerra de frases agresivas que no contribuyen, sino todo lo contrario, a que los auténticos soberanos, que somos los sufridos ciudadanos, nos sintamos representados de verdad. Es por eso de esperar que con el año que llevamos y con lo que de él nos queda todavía por delante (plan Ibarretxe, elecciones en Madrid y en Cataluña, precampaña de las elecciones generales) nuestros lideres políticos vuelvan relajados. De no ser así, resulta sobrecogedor sólo imaginar la que se nos va a venir encima.