Argentina

| JOSÉ JAVALOYES |

OPINIÓN

EN LUGAR de poderes en división, relación promiscua de poderes: ni concentrados, dictatorialmente, en una mano, ni divididos ni separados. Ni parlamentarista, ni presidencialista, ni judicialista: régimen de confusión. La fórmula argentina es la de poderes confundidos. Así, la cabeza del Ejecutivo se irroga facultades normativas que rebasan los límites del decreto y del decreto-ley. Así, los tribunales resuelven desde el partidismo porque los gobiernos eligen a sus togas. De tal manera, el Legislativo bracea en la certeza de que la norma legislada se desfleca entre los fueros concurrentes del Ejecutivo y el Judicial. Desde ese pandemonium , Argentina limita hacia dentro con la inseguridad jurídica y el arbitrismo político en su discurso frívolo sobre los males de la patria. El país no levanta cabeza. Y el misacantano presidente Kirchner, que pone a caldo a las empresas españolas que invirtieron allí, y exige la revisión de los contratos suscritos en su día, pide y no obtiene de la Casa Blanca que le eche una mano en el Banco Mundial y el Fondo Monetario para que le renueven crédito y confianza. Asimismo, Kirchner deroga la norma que, con iguales prerrogativas que las suyas, había establecido su predecesor De la Rúa, para que los militares de la dictadura aviesa no fueran extraditados por sus crímenes en aquella guerra civil subproducto de la guerra fría. Ese choque entre terrorismo de Estado y terrorismo revolucionario, en los años 70, se reabre por enésima vez y desplaza a la Argentina desde el diván del psicoanálisis a la mesa de las autopsias. ¿Es eso lo que el país necesita? Sobre el cataclismo económico, la implosión de la seguridad jurídica. ¡Y aún dice Kirchner que su referente político es el brasileño Lula da Silva! Seguro que no se ha fijado bien. Tras haber votado a Kirchner en unas presidenciales atípicas, no llores por él Argentina. Agárrate, que viene curva.