LA DIRECTIVA florentina se ha fijado como objetivo estratégico convertir el mejor club del siglo XX en la primera firma mundial en el negocio del cuero y derivados. La mercadotecnia y la gestión empresarial pura desplazan a la tradición y al señorío. Se apuntó el cambio cuando el presidente merengue entregó al ministro de las armas y las letras un lote de casacas de los galácticos para que nuestro contingente pacifista las repartiera a los niños iraquíes junto con los paquetes de artículos de primera necesidad. La idea de introducir la marca en un mercado virgen so capa de ayuda humanitaria puede seducir a un vendedor avispado, pero el buen gusto lo rechazaría. Siguió con el anuncio espectacular del fichaje de David Beckham, icono mediático mundial, en vísperas de iniciar un viaje publicitario por Oriente lejano, y su circense presentación. Aunque una estrella nunca sobra en el césped, los entendidos sospechan que su mayor aportación no será al equipo, sino a las arcas de la empresa: no se le paga tanto para que sude la camiseta como para que ayude a venderlas con otros productos de la factoría. Va a ganar dinero a patadas, pero más a sonrisas. Y se confirmó con la humillante y hasta grosera despedida de Vicente del Bosque: los 35 años de lealtad a la casa blanca de nada le sirvieron al entrenador, ni los títulos ganados. Por lo visto, la modestia y la seriedad artesanal no casan con la imagen de determinación ejecutiva que el nuevo proyecto pide a un técnico. Las arrobas de humanidad del caballero salmantino pedían otro trato. Choca mucho que una entidad deportiva que no reparte beneficios sacrifique la pasión del juego a la frialdad del dinero. El Real Madrid se hizo grande despachando en el campo taconazos y gorros , que no zapatillas y viseras.