A todo lo dicho añádase el presunto suicidio del doctor David Kelly, después de haber filtrado información sobre Irak a la BBC. Lo que le faltaba al amigo español de Tony Blair: no sale de un charco y ya está con los dos pies en otro. No obstante, frente a las inseguridades sembradas por Kelly está la realidad de 1.400 hombres del Pentágono rastreando sin descanso las armas de Sadam. Si esto no es fe, que venga Dios y lo vea. No sé si Rumsfeld cree en el mal del Eje del que abomina, pero estoy convencido de que cree en esas armas de destrucción masiva. Como Simancas y Esperanza Aguirre creen en las próximas elecciones de Madrid. Y como Trillo cree en los sinsabores que lo esperan cuando los soldados españoles estén en Irak, a 180 kilómetros al sur de Bagdad, en una zona que llamamos pacífica porque ya no sabemos cómo llamar a nada de lo que ocurre en Irak. Sólo los obispos tienen certezas: ellos saben que se saldrán con la suya en lo de la asignatura de religión. Lo siento por Zapatero. EL PSOE no tiene dos mil años de experiencia a sus espaldas. Perro mundo.