Kirchner inventa culpables

OPINIÓN

EL PRESIDENTE argentino, Néstor Kirchner, se equivoca al acusar reiteradamente a los empresarios españoles de haberse aprovechado de su país en los años noventa, en los que habrían obtenido grandes beneficios. Repitió la acusación en vivo y en directo el pasado jueves en Madrid ante un selecto grupo de directivos de bancos y empresas. Francisco Luzón, director general para América Latina del BSCH, le respondió que las inversiones de la banca española en Argentina datan de 1999 y que, por tanto, no hubo tiempo material para repatriar las grandes plusvalías que imagina el presidente. Pero esta explicación cayó en el vacío, porque Kirchner se estaba dirigiendo a sus paisanos, allende el océano, y lo estaba haciendo en una clave política que domina: la neoperonista, tan populista, elemental y simplificadora como lo fue siempre. Así resulta que la culpa de la crisis de su país no la tienen los muchos argentinos que se llevaron sus dineros (léase dólares) al extranjero en los últimos años, sino los «aprovechados» españoles que se empeñaron en invertir en Argentina, poniendo en esta nación bastante más fe que los capitalistas autóctonos. En esto se resume el discurso neoperonista de Kirchner: la culpa de todo es del satanizado ex presidente Ménem (como si no fuese también peronista) y de los empresarios foráneos que tuvieron la ocurrencia de invertir en Argentina durante su época de gobierno. Menos mal que el neoperonismo del presidente argentino no se agota en esta rudimentaria y primitiva exculpación nacional. Kirchner sabe en qué mundo se mueve (no en vano es cómplice de todo lo sucedido) y, al lado de su discurso simplista, a la vez fácil y antiguo, ha ofrecido unas garantías, todavía difusas, de que va a adoptar medidas económicas para lograr una «Argentina seria» que merezca la confianza internacional. Los analistas dicen que su discurso es confuso y contradictorio, y lo es, pero, si no lo fuese, no podría decirse neoperonista. El neoperonismo es hoy una forma de pragmatismo enmascarada de populismo. Un programa nuevo que avanza en inmersión mientras lo sobrenadan las viejas palabras. A ver hasta dónde da de sí la fórmula.