Mucho mejor, sin gobierno

OPINIÓN

DESDE LA CORTE

10 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

LA CRISIS de Madrid ha cumplido un mes, y se ha celebrado como se tenía que celebrar: con una huelga en los hospitales públicos. No existe un gobierno que pueda prometer nada a los huelguistas, pero sí unos huelguistas que pueden exigir a un gobierno provisional. Además de eso, la clase política puede cantar victoria: después de muchos esfuerzos, han conseguido dar a luz una criatura que se llama «comisión de investigación». Esos esfuerzos han tenido una recompensa genial: Tamayo no estará en ella, lo cual le impide la fastuosa oportunidad de investigarse a sí mismo. Las comisiones de investigación se dividen en tres clases: las que no consiguen crearse, como la europea del Prestige; las que se disuelven en su salsa, como la gallega del Prestige, y las que, habiéndose creado, nunca llegan a descubrir un culpable. Yo no recuerdo una sola comisión que haya desembocado en el cese de nadie y, mucho menos, en llevar a nadie a la cárcel. Pero quedan bien. Tienen efectos terapéuticos, porque templan los ánimos. Y, sobre todo, tranquilizan las conciencias. Como pocas veces se crean, parece claro que, para ver una, hay que estar como Madrid: sin gobierno. La ausencia de gobierno puede ser la única forma de que resplandezca la verdad. ¿Qué verdad? Pues una; la que sea. Porque, pasado un mes de denuncias, aquí todo está más confuso que al principio. Al principio, por lo menos, estábamos seguros de que Tamayo y Sáez eran unos chorizos que habían sido comprados. Ahora mucha gente duda si todo habrá sido fruto de un mal fario de Zapatero. Lo ha dicho tanto el PP, que terminará por convertirse en un hecho cierto. El único que tiene las ideas claras es don Jesús Cardenal, que no descubre ni tramas, ni corrupciones, ni nada parecido. El señor Cardenal debiera ser el primero en declarar en esa Comisión. Si está tan seguro de que no hay nada que perseguir, sus razones tendrá. Descubriéndolas ante los comisionados, les ahorraría mucho trabajo. Tienen que llamar a Cardenal. Ya que siempre tiene la última palabra, que tenga también la primera.