Chulerías del Foro

| ANTONIO GONZÁLEZ |

OPINIÓN

08 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

LA PROMOCIÓN de chulos, este año, en el Foro (nombre familiar de Chuletalandia), es abundante y de alta graduación. Madrid siempre ha producido -con permiso de Bilbao- los mejores ejemplares de chulería: los clásicos de verbena, los figurones de saraos sociales, los fantasmas de cócteles y tertulias, los muy abundantes gilipollas (semillero inagotable de chuletas) y, por supuesto, la chulería de alto rango, que tiene su hábitat en los poderes fácticos y en la nómina de políticos de toda condición y pelaje. En suma, una multitud de chulos y chulapas, que si bien no es exclusiva de Madrid, es en este Foro donde se otorga el doctorado universal. Concretamente, este mes de junio ha batido un record de chulerías insólitas, que tienen asombrado al personal mediático, porque no dan abasto y escandalizado al personal de a pie. La promoción 2003 se concreta en dos escenarios: la chulería política generada en la Asamblea regional y la chulería futbolera, cerca del Real Madrid, con protagonistas de calidad excepcional que merecen figurar en un cuadro de honor, que lo que se propone en esta notas para general conocimiento. La chulería política tiene dos protagonistas indiscutibles: se llaman Tamayo y Sáez, varón y hembra y son dos superchulos incrustados entre los socialistas electos que decidieron chulear -valga la redundancia- a su jefe de filas, Rafael Simancas y chafar, al menos en un primer amago, la toma del poder en el Gobierno autonómico de Madrid. La explosiva por inesperada chulería de los traidores desencadenó una feroz avalancha de reacciones chulescas colaterales, que han convertido el Foro en una total escandalera, en la que los políticos de toda condición e ideologías -mejor dicho, de intereses- han hecho suyo el dicho de «para chulo el hijo de mi madre», enredando con disparates al cual más chulesco las páginas de los periódicos y las tertulias radiofónicas, quienes, a su vez contagiados por el ambiente de chulería generalizada, también han aportado sus propias chulerías con supuestas tramas, corrupciones, conspiraciones de Estado (ahí es nada), sobornos, etc. En este gran festival de la chulería política no falta nadie. Los dos presuntos candidatos mejor valorados: Esperanza Aguirre y Simancas. Pepiño Blanco es la víctima propiciatoria y algo más de este enredo, al que asedia Arenas y sus pretorianos, y en la cumbre del cartel, irrumpen con fuerza Zapatero y Aznar, que se reparten estopa en el Congreso. En este reparto, para que sea completo, también intervienen empresarios supuestamente cómplices de los tránsfugas, especuladores, alcaldes y concejales de la periferia madrileña, fiscales muy interesados en meterle el diente a supuestas corrupciones. Y como artista invitado, por encima del bien y del mal, aparece la figura rutilante del flamante alcalde de Madrid, Ruiz Gallardón, que hace su entrada en la Casa de la Villa al más genuino estilo chulesco de los vencedores prusianos.