Cuentas pendientes

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

LAS COMUNICACIONES gallegas están bajo mínimos. Galicia carece hoy, hay que decirlo, de los servicios de transporte que le corresponderían a una comunidad integrada en Europa. Quienes aseguran que el avance ha sido espectacular y que la situación es inmejorable, ni tan siquiera leen los periódicos. Si lo hicieran, tendrían rubor de conceder medallas de reconocimiento. La Voz de ayer nos describía un panorama de las infraestructuras ferroviarias tremendamente desalentador. Al margen de los históricos retrasos y de la ausencia de vías electrificadas, hay que añadir que en sólo tres tramos es posible que los trenes superen los 130 kilómetros a la hora. Y a todo ello se unen los retrasos, desvíos, cancelaciones, retiradas de compañías y deterioro de los servicios, del transporte aéreo. Con este panorama resulta fácil de comprender la caída de viajeros que en uno y otro sector se producen anualmente. Los gallegos nos resistimos a viajar en aviones que no despegan y en trenes cuya velocidad media es inferior a los de Tailandia, Gabón, Argelia o Irán. Los gallegos protagonizamos motines en estaciones y aeropuertos, sin que nos sirvan de mucho. La Administración española, y más concretamente el Ministerio de Fomento, simbolizado en el profeta Álvarez Cascos, sigue manteniendo importantes deudas con las comunicaciones de este país. Retrasos en la realización de proyectos que ya deberían de haberse finalizado y abandono absoluto en las infraestructuras actuales, convierten nuestros desplazamientos en peligrosas aventuras. La de las infraestructuras no es más que una de las muchas cuentas pendientes que el Estado mantiene con Galicia. Trascendental, pero sólo una más. Y nosotros, tan sumisos, lo agradecemos condecorando a los responsables con medallas que llevan el nombre de nuestro maltratado país.