EL PASADO 5 de marzo Sadam Huseín, aún presidente, se dirigió a sus altos mandos militares y les garantizó que si Estados Unidos atacaba, con el aval de la ONU o sin él, «Irak será para los norteamericanos como Vietnam, no como Afganistán». Cuatro meses después, con Sadam en paradero desconocido e Irak ocupado por las tropas aliadas, el presidente George Bush y el jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, alarmados por las 75 bajas mortales registradas desde el final de la guerra, se irritan cada vez que oyen hablar de «vietnamización» y descalifican a quienes, a la vista de los hechos, mencionan esta posibilidad o establecen alguna comparación o similitud entre ambos conflictos. Rumsfeld incluso ha negado la intensificación de los ataques contra las tropas anglo-estadounidenses y ha dicho que no existe enfrente una resistencia guerrillera como la que sufrieron en Vietnam. «Éste es un tiempo diferente, una era diferente, un lugar diferente», ha reiterado. Y tiene razón. La tiene todavía, sin duda. Pero los dirigentes americanos no deberían hacer las cosas de modo que la situación empeore y la amenaza del sátrapa Sadam Huseín, que a su manera conocía bien a su pueblo, pueda convertirse en una realidad. De momento, tanto Estados Unidos como Reino Unido han hablado ya de aumentar sus tropas en Irak, mientras el proceso de organización interna del país avanza con una lentitud que exaspera a los iraquíes. Por otra parte, el incremento de los incidentes armados reverdece las viejas discrepancias entre Donald Rumsfeld y el secretario de Estado Colin Powell sobre la cantidad de tropas necesarias para conseguir la victoria en la guerra y asegurar la paz en la posguerra. Rumsfeld es un férreo impulsor de las unidades pequeñas, móviles y muy bien dotadas tecnológicamente. Powell, en la línea de una larga tradición militar, considera indispensable una mayor presencia militar para garantizar el control. Rumsfeld tuvo razón en la guerra, pero Powell empieza a tenerla en la posguerra. El recuerdo de Vietnam se prefigura como una espada de Damocles sobre los dirigentes estadounidenses.