Superpotencia

OPINIÓN

03 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

HASTA EL canciller alemán, Gerhard Schröder, ha admitido que vivimos en un mundo que aspira a ser multipolar, pero que de momento sólo cuenta con una verdadera superpotencia que desvencija toda simetría: los Estados Unidos de América. El empeño de Francia por camuflar esta evidencia no es más que una rémora de su pasada grandeur , que le impide mirarse en el espejo y reconocerse como la potencia media-alta que es, con un innegable y difuso liderazgo en el mundo. El Reino Unido se mantiene apegado a su especial relación con EE. UU., y España, Italia o Polonia se muestran realistas, con unas ambiciones ajustadas a sus posibilidades de potencias medias. Más allá de la multipolaridad, estos cuatro países ponen sus ojos en lo que perciben como más tangible y conveniente: el fortalecimiento del vínculo trasatlántico. Quien no parece atinar con la justa medida de su propio tamaño es Estados Unidos. O mejor dicho, Bush y su equipo de Gobierno. La unilateralidad de la que abusan no es el buen camino para resolver problemas que tienen una clara amplitud planetaria. Se han dado cuenta de la necesidad de coaliciones o alianzas en el caso del terrorismo, pero se equivocan al restringir a este ámbito el espacio de la cooperación global. La lucha, por más asimétrica que sea la polaridad, debe extenderse, en términos de una intensa colaboración entre naciones, a la persecución del narcotráfico, a la conservación de la biodiversidad o a la lucha contra la polución de los océanos o el calentamiento del planeta. Sólo cuando todos reman en una dirección, aunque unos lo hagan de espaldas y otros de cara (como bromeaba en su día el presidente colombiano Belisario Betancourt), se pueden adoptar medidas eficaces contra unos males que no reconocen fronteras ni escudos defensivos. Ahora que nadie le niega a EE. UU. el carácter de única hiperpotencia de la Tierra, sería lamentable que se lo negasen sus propios gobernantes, no asumiendo el liderazgo correspondiente y, a la vez, la responsabilidad de cooperar y compartir en pie de igualdad con otras naciones unas luchas que son globales e inaplazables.