El laberinto del PNV

| ARTURO MANEIRO |

OPINIÓN

03 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

EL PARTIDO Nacionalista Vasco siempre está metido en un laberinto: recorridos sinuosos, estrecho margen de maniobra, salidas equivocadas, callejones sin salida y finales inciertos. Lo malo es que el laberinto del PNV afecta a todo lo que vive y existe en el País Vasco. Es el rompecabezas de Arzallus, Atutxa e Ibarretxe: están contra ETA pero no paran de provocar acciones que dan pie y razones para que los terroristas encuentren justificación para sus delitos. El nacionalismo vasco, como otros nacionalismos, siempre han necesitado sentirse víctimas de la opresión de un gobierno centralista. Si la opresión no existe la provocan, la inventan, la sueñan, la difunden. Ante este temor, las masas nacionalistas se aglutinan, se hacen fuertes, se agrupan para frenar al enemigo común. Por eso el PNV no pierde oportunidad de afirmar que la ilegalización de HB es el primer paso para ilegalizarles a ellos. Si no son víctimas, se preparan para serlo. Y van poniendo los medios, dan los pasos para que la Administración central «Madrid» acabe actuando contra ellos. Y éste es el laberinto en el que están metidos actualmente por no ejecutar la sentencia del Tribunal Supremo. Una sentencia que les obliga a la disolución del grupo parlamentario de ETA. Si no ejecutan la sentencia, la justicia tendrá que actuar contra Atutxa. Si ejecutan la sentencia saldría muy perjudicado el grupo de Izquierda Unida que es socio de gobierno, ya que el grupo mixto en el que viven se vería incrementado en muchas bocas con las que repartir sus ingresos. Atutxa dice que prefiere ir a la cárcel antes que ver violada la soberanía del Parlamento Vasco. Si el TS actúa contra el presidente del parlamento vasco, los nacionalistas se verán agredidos. Al sentirse agredidos, amenazan con provocar manifestaciones de protesta en todas las calles del País Vasco. Si hay manifestaciones de protesta a ellas se unirán los etarras por ser el objeto de la sentencia judicial de disolución. Y así, el PNV estaría alimentando un caldo de cultivo ideal para que ETA se sintiera en la obligación de matar para preservar a su pueblo de la opresión. Cuando ETA asesine, el PNV saldrá nuevamente a lamentar la violencia en el País Vasco y pedirá a ETA que desaparezca, al mismo tiempo que seguirá dándole razones para existir. Y ya tenemos el laberinto sin salida. El PNV alcanzaría mucha credibilidad y honorabilidad si, en lugar de provocar la amenaza del Gobierno central, se plantase contra ETA y le dijese que no acepta ni un privilegio autonómico más en tanto no desaparezca. Incluso si dijera que devolverá a Madrid competencias autonómicas si ETA no desaparece. Porque es necesario reconocer que todos los logros autonómicos alcanzados por el PNV están manchados de sangre. Aunque sea muy duro decirlo, sin esa sangre de guardias civiles, policías, militares, obreros, empresarios, políticos, niños, periodistas, y amas de casa, la autonomía vasca nunca sería lo que es ahora. Y creo que puedo decirlo porque he visto nacer, una por una, todas las instituciones autonómicas vascas. El laberinto se abrirá cuando el PNV actúe en política con las manos limpias, devolviendo lo adquirido bajo chantaje y sin aceptar nada manchado de sangre.