Una educación igual para todos

| ARTURO MANEIRO |

OPINIÓN

ME REFIERO fundamentalmente a una educación promovida y llevada a cabo de acuerdo con lo que se denomina conceptos de izquierda , tal como lo enuncian o predican algunos políticos de este segmento social. Sobre todo ahora que Izquierda Unida tocaba poder en Madrid y anunciaba ya el fuera centros concertados . Una educación de izquierda sería aquella educación sin privilegios y sin discriminaciones, igual para todos, en los mismos centros, con los mismos sistemas educativos, con el mismo tipo de profesores, al mismo precio, con los mismos conocimientos, las mismas materias. A primera vista, todo esto tiene un cierto atractivo igualitario. El problema principal es que se suele hablar así sin contar con lo que piensan los alumnos y lo que quieren los padres. Y suele suceder con mucha frecuencia que los padres no están tan ensimismados. Cada uno tiene su forma de pensar, una manera de concebir la educación de sus hijos, un deseo de invertir más o menos en la enseñanza de su prole, unas preferencias en cuanto al tipo de profesores con los que debe tratar su hijo. Las familias, los padres, los hijos no siempre coinciden con un criterio único de educación, y menos coinciden con los conceptos de izquierda en la educación; o no quieren saber nada con los criterios de la denominada derecha , o con la educación laica o con la educación religiosa. Por su parte, los niños no siempre quieren lo mismo, no todos desean estudiar hasta los 16, no todos quieren ir a la universidad, no todos aspiran a ser profesores, no todos pretenden ser los primeros de clase. En definitiva, que suele haber bastante disparidad, circunstancia que sólo se puede solucionar con mucha libertad. En el concepto de izquierda suele estar mal vista la educación privada, porque es mejor, enseñan con métodos más cuidados, hay mayor cuidado en la selección de los profesores, menos conflictividad social, menos peso de los sindicatos que no pueden imponer sus criterios. Esta superioridad produce discriminación, ya que -dicen- los hijos de los trabajadores no pueden asistir a ella. Por esta razón debe ser rechazada, no debe haber ningún tipo de ayuda estatal, no debe haber centros concertados si no se equiparan a los públicos, si no entran en la disciplina de la igualdad. De esta manera, eliminando las ayudas a la enseñanza privada, se eliminan las discriminaciones. Si unos padres quieren enseñanza privada, mejor, elitista, que la paguen ellos. Fuera conciertos. ¿Quiénes son los perjudicados con este planteamiento? Los que no pueden pagar tanto pero podrían ir a un centro concertado por menos dinero o con becas. ¿Quiénes pueden ir a un centro bueno, caro, no concertado? Los que tiene mucho dinero. Es decir, la eliminación de alternativas produce mayores privilegios y discriminaciones. ¿Por qué hay que obligar a los hijos de los trabajadores a ir a un centro público? ¿Por qué no se les da la oportunidad de ir a un centro privado con una beca o con la ayuda al centro como es la concertación? Da la impresión que se promueve más la libertad abriendo posibilidades y horizontes a los estudiantes que cerrándoles las vías de acceso a buenos centros educativos. Me parece que se promueve más la libertad dejando decidir -en igualdad de oportunidades- a las familias el tipo de educación de los hijos.