Chistes

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

EN TODA celebración gastronómica siempre nos aparece alguien que deleita al auditorio contando un par de chistes. Es uno de los deportes nacionales. Y en ocasiones sale a relucir el de aquel médico que le espetó a su paciente: «Tengo dos noticias que darle. Una mala y una buena. La mala es que usted va a morirse. La buena es que será muy lentamente». Esto es un poco lo que nos está pasando en Galicia. Que nos cuentan un chiste cruel cada mañana. Para que nos riamos y divirtamos. Y nos siente bien el desayuno. Pero no lo logran. Porque después nos llega la cruda realidad y quedamos sumidos en la más profunda de las depresiones. Vamos sufriendo lentamente camino del ocaso. Nos habían dicho que Galicia iba bien. Y ahora nos enteramos que es la comunidad española con mayor pérdida de población. Nos aseguraron que la economía remontaba. Y sabemos que seis de cada diez familias, un 7% más que el año pasado, tienen dificultades para llegar a fin de mes. Nos dijeron que las playas estarían limpias el 1 de junio. Y siguen pintadas de negro. Nos juraron que el Prestige ya no manaba fuel. Y viene Martín Villa y nos dice que las fugas del pecio son «graves». Nos garantizaron que no habría pactos con el sindicato de cabreados . Y van y los hacen. Aquí funcionamos a base de mentirijillas, enredos y bolas. Los que tienen la «tixola do poder», como acostumbra a decir mi admirado Díaz Pardo, guardan un arte especial para el embeleso. Convierten los dramas en sainetes. Como si la realidad de Galicia fuese motivo para el divertimento. Y así vamos sobreviviendo. A base de picardías. Y de chistes. Aunque a veces se nos ocurra también a nosotros contarles aquel otro del gallego que va al médico y le dice: «Mire doutor, xa sei que estou moi ben. Pero eu atópome moi mal».