Hechos para la superación

| JOSÉ RAMÓN AMOR PAN |

OPINIÓN

BLANCA es médica, soltera. Un día una amiga le comentó que había conocido a un niño que tenía 2 años y medio disponible para ser adoptado, que estaba en un centro de acogida desde el momento del nacimiento por tener síndrome de Down: «Cuando aquella amiga me habló de Quique, se me abrió el cielo y me sentí comprometida con aquel niño, y enseguida inicié los trámites para adoptarlo». Y sigue contando: «Cuando inicié los trámites para darle a Quique hermanos, mi solicitud fue para adoptar 2 niños más. Era razonable para todos ya que, si hubiera tenido un hijo con síndrome de Down de una manera biológica, habría intentado siempre rodearle de hermanos. Pero me llegaron 3 niñas hermanas mayores que él, de 10, 8 y 5 años... Por supuesto habría podido decir que no, pero yo ya me sentía comprometida con ellas, y además sabía que el tiempo corría en su contra. Y aquí están. Después, con el tiempo, todos quisimos agrandar la familia, y ya desde el principio pensamos en otro niño con síndrome de Down, y fue así como llegó Gonzalo, el quinto, que ahora cumplirá 2 años». Se ha afirmado que el movimiento formado por las personas con discapacidad y quienes las apoyan constituyen uno de los triunfos morales más excelsos del siglo veinte. Lo es por la concurrencia de la capacidad de superación de todos sus protagonistas. El trabajo diario y el esfuerzo humano de las propias personas con discapacidad, de cualquier naturaleza que sea, que tratan de vencer sus limitaciones hasta extremos inimaginables para mantenerse asociadas al discurrir normal de la sociedad. La incansable e indestructible dedicación de las familias, capaces de arrostrar y superar múltiples impedimentos e incomprensiones, para hacer valer los derechos de sus hijos, acompañarles en su trabajo y animarles a mantener su impulso y su ánimo. La solidaridad y el amor con que personas, inicialmente ajenas al problema, dedican su vida y las horas de su trabajo a dignificar la presencia de las personas con discapacidad en nuestro mundo. Son millares de historias vividas a diario en todo el mundo, ocultas en su mayoría pero que, en su fértil pequeñez, son las que mantienen y hacen fecundo ese espíritu de superación que adorna la naturaleza humana. «Mi historia puede resultar espectacular, vista desde fuera, en un primer momento. Sin embargo, se está repitiendo continuamente en cada madre que se ocupa de sus hijos, en cada padre que se ríe, juega y se sacrifica por sus hijos, en cada hijo que se ocupa de sus padres, en cada voluntario que cuida ancianos o niños, en cada persona que hace de su trabajo un servicio a los demás sin esperar una mayor remuneración por eso, etcétera. Estoy segura de que hay muchas personas que ponen cariño, ilusión, alegría y buen humor en sus relaciones con los demás. El tener ese modo de ser es una suerte, pero es cierto que hay que cultivarlo. En eso las personas con síndrome de Down podrían darnos muchas clases». La entrevista completa, en www.down21.org.