Preámbulos y teologías

ALFONSO DE LA VEGA

OPINIÓN

MUCHOS SECTORES de influencia eclesiástica están en desacuerdo con que en el borrador de preámbulo de la embrionaria constitución europea no se cite al Cristianismo como el agente de su construcción. Aducen que la historia de Europa sería impensable sin él. No les faltaría razón si dicho preámbulo se convirtiera en una lección de historia que no omitiera tampoco, por ejemplo, la sabiduría tradicional de Oriente trasladada a nuestras tierras por el genio griego y la organización política del derecho romano. O la influencia de Platón o Kant en el pensamiento o el universo artístico o científico. O la de la Ilustración y la Masonería en el desarrollo del mundo moderno. Pessoa decía que Europa no renacerá hasta que restaure el paganismo luminoso del mundo antiguo, con su tolerancia derivada de la creación de un panteón sincrético y ampliable basado en la inteligencia de que lo numinoso es en el fondo inabordable para la condición humana. Sea o no la vuelta al paganismo una buena solución para la profunda inquietud espiritual del mundo actual, sin duda era una idea muy útil para la convivencia la que expresaba Pitágoras: «Rinde homenaje legal a los dioses de las naciones, pero guarda tu corazón para tu Dios legítimo». Por ello creemos que está bien así, que no resulta preciso citar a Dios en ningún texto constitucional. En palabras atribuidas al fundador del cristianismo: «Por sus obras les conoceréis». Y la verdad es que el laicismo fue una conquista necesaria para una Europa asolada por las guerras de religión. Después de la matanza de san Bartolomé en que los católicos franceses pasaron a cuchillo a cuantos hugonotes pudieron capturar, hombres, mujeres o niños, quedó definitivamente claro para cualquier conciencia lúcida que el viejo ideal medieval de un imperio europeo encarnado en un emperador y patrocinado por la tiara ya no era viable, de modo que la nueva construcción política debería hacerse con otros planteamientos. De este universo de valores que son las potencias del alma nació el mundo moderno. Los griegos sabios les habían llamado musas, pero, más allá del nombre que pongamos a las cosas, es el ejercicio de las virtudes lo que construye la civilización, pues, sensu contrario , aunque los dólares crean en Dios, como se lee en sus billetes, no parece que crean en Alá.