AYER SE SUPO de la celebración del 520 aniversario de la llegada de la imprenta a Galicia por un pedido de 120 breviarios a dos editores burgaleses, y de la puesta en marcha de un sistema policial para acabar con los conductores que pilotan bajo los efectos del teléfono móvil. La asociación entre la efeméride y la noticia no es casual. La historia empujó a los cultos a un prolongado exilio, primero del claustro a la plaza y ahora a las finas redes de información, y en ese camino del códice gigante al minúsculo html, el hombre adquirió nuevas destrezas, manuales las más. Pasó del índice deformado del amanuense al síndrome del túnel carpiano, lo atómico mandó, la síntesis se impuso hasta tal punto que, por no abultar, hasta la policía se evaporó. Dicen que para perseguir como merecen a los conductores con móvil, los precursores (ellos no lo saben) de una nueva humanidad: ayer los científicos anunciaron muy extrañados que el hombre moderno tiene la cara más corta que su pariente de Neandertal.