Protestas en Irán

OPINIÓN

HACE quince días escribía en este diario sobre «la diana iraní», para explicar cómo el régimen de Teherán se había situado en el punto de mira del belicismo estadounidense. Los miles de estudiantes que se han manifestado estos días en la capital de Irán y que coreaban con fuerza «Libertad» y «Muerte a los dictadores» son parte del nuevo orden que está emergiendo en la zona. La actitud de avanzar con demasiada lentitud en el proceso de reformas está situando al Gobierno iraní contra las cuerdas. La frustración de los jóvenes está directamente relacionada con la falta de horizontes que ofrece el régimen de los ayatolás. Y el resultado son estas protestas estudiantiles. Se equivocan los dirigentes al creer que sus universitarios se han vuelto de repente proamericanos. Es la peor y más equivocada interpretación de lo que sucede. El ex presidente Akbar Hashemi Raf-sanyani, ahora jefe del Consejo de Discernimiento, se ha dirigido a los estudiantes para garantizarles que «cualquier intento de Estados Unidos de atacar Irán está condenado al fracaso». Pero los estudiantes no lanzan gritos contra los estadounidenses, sino contra sus dirigentes y piden las dimisiones del líder espiritual Alí Jamenei y del presidente Jatamí. Es verdad que la Casa Blanca ve con malos ojos la central nuclear que se quiere levantar con ayuda rusa en Bushehr, y presiona al Organismo Internacional para la Energía Atómica para que, hoy mismo, emita un informe negativo sobre su construcción. Pero las protestas populares no tienen nada que ver con esta disputa. Los universitarios levantan otras banderas, directamente relacionadas con las promesas que el reformista Jatamí hizo hace seis años y que, pasado este tiempo, siguen en gran medida durmiendo el sueño de los justos. Al culpar a EE.?UU. de instigar las protestas, los dirigentes iraníes no hacen más que aumentar la fosa que los separa de los estudiantes. Seguir utilizando este lenguaje empeorará las cosas. Y no pueden esperar que los neoconservadores estadounidenses se entristezcan por ello. Los de Washington militan en otro fundamentalismo.