Desafío a la democracia

| ENRIQUE CLEMENTE |

OPINIÓN

13 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

EN LO QUE ha sucedido en Madrid hay que hacer un esfuerzo para separar lo fundamental de lo accesorio, evitar que los árboles nos impidan ver el bosque. Y lo decisivo es que estamos ante un intento de violentar la voluntad popular libremente expresada en las urnas, un ataque al corazón mismo de nuestro sistema democrático. Si el resultado de la operación fuera que lo que se votó el 25 de mayo no vale y que hay que repetir los comicios, el daño sería gravísimo, y el precedente inquietante. Ya no estaríamos seguros de quién decide los gobiernos, si el pueblo, dos personas concretas o una mafia organizada. En cualquier caso, nuestra democracia ha sufrido ya un menoscabo considerable, porque se ha recuperado esa perniciosa cantinela de que todos los políticos son iguales. Precisamente si algo ha quedado demostrado es que no es lo mismo una cosa que otra, porque ha sido el miedo a «los social-comunistas» (Aznar dixit) lo que ha provocado un golpe de Estado. Eso no quiere decir que la coalición PSOE-IU sea positiva, sino simplemente que es distinta a la alternativa que defiende el PP. Los supuestos especuladores que han urdido el plan para impedir que gobierne saben muy bien que ambas opciones son diferentes. Lo accesorio, pese a ser importante, es que la credibilidad del PSOE ha quedado en entredicho. Es lamentable que el partido de Roldán no haya extremado las cautelas para que los balbases no estuvieran en sus filas o, como mal menor, en sus listas. Alguien debe asumir la responsabilidad. Pero ante un desafío a nuestra democracia como el que se ha planteado sólo hay una salida: que los partidos se unan para garantizar que se respeta lo que han dicho los ciudadanos: que PSOE e IU tienen el derecho de gobernar Madrid.