Pactando con IU, ¿qué es lo más seguro?

OPINIÓN

EL MIÉRCOLES les prometí que hoy escribiría sobre las críticas de Aznar a los pactos entre el PSOE e Izquierda Unida. Como lo prometido es deuda, vamos al asunto. Y hagámoslo partiendo de lo que resulta indiscutible: que el presidente del Gobierno los desautoriza por razones que nada tienen que ver con la defensa del Estado democrático. Ni aun cuando el presidente denuncia el único aspecto espinoso de esos pactos -el compromiso de la IU vasca (Ezker Batua) con el soberanismo de Ibarretxe- está guiado Aznar por la defensa de los intereses generales. Lejos de ello, su insistencia en ese asunto no persigue otro objetivo que amedrentar al cuerpo electoral, sembrando dudas sobre la posición del PSOE en relación con la llamada cuestión vasca. Unas dudas que constituyen una deslealtad monumental hacia el partido que ha hecho posible que la política vasca del PP haya acabado siendo un éxito y no un auténtico fiasco. Porque, digámoslo con toda claridad, sin el apoyo cerrado del PSOE el avance en Euskadi del Estado democrático no se hubiera producido. Aznar es consciente de ello, lo que hace más obsceno su objetivo. Pero el que las intenciones del PP sean las de valerse una vez más del problema terrorista para ganar las elecciones no significa, en todo caso, que el problema al que Aznar apunta sea una invención del Partido Popular. Por desgracia no lo es. Ni es una invención que Ezker Batua defiende el plan del lehendakari, ni lo es que IU ha fracasado en sus intentos de hacer cambiar de posición a sus socios en Euskadi, ni lo es, en fin, que éstos tienen una posición política central de la que hoy depende por completo la decisión del PNV sobre la propuesta de Ibarretxe. Y es que, una vez ilegalizada Batasuna, Ezker Batua tendrá la llave de la mayoría absoluta en el Parlamento vasco, que es tanto como decir, la llave para abrir o no la posibilidad de que el nacionalismo plantee un conflicto político y constitucional que pondría a la democracia española el borde del abismo. Sí, Javier Madrazo (¡Madrazo!) podría convertirse en unos meses en el hombre que concentra todas las miradas. Sería, por ello, una irresponsabilidad que el PSOE actuase como si tal posibilidad no fuera nunca a producirse solo por el hecho de que la misma sea utilizada por José María Aznar de modo ventajista para tratar de restarle electorado. Pues aunque es verdad que uno puede verse obligado a correr a toda velocidad para ganar una carrera, también lo es que nadie en su sano juicio lo haría sin ajustarse antes el cinturón de seguridad como Dios manda. Ya Quevedo lo decía con su proverbial inteligencia: lo más seguro es no ponerse en peligro.