Servir al pueblo

| ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

EL OJO PÚBLICO

03 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

SI NO recuerdo mal, así se llamaba el periódico ilegal del Movimiento Comunista, un grupúsculo de mis años de estudiante, cuyos miembros querían que España fuera como la China maoista. ¿Se imaginan? ¡Todos en batín y recitando el libro rojo! El despiporre. Lo traigo a colación, claro está, no para hacer arqueología política (paleontología, sería más exacto) sino para ejemplificar cómo hasta un grupo que tomado al feixe entraba en un seiscientos puede arrogarse la voz del pueblo soberano. Y es que la voz del pueblo está estos días en boca de tirios y troyanos a cuento de los pactos postelectorales. Casi todos los políticos que se refieren al asunto lo hacen, sin embargo, desde su propia e interesada perspectiva. Es por eso muy probable que haya hoy en la opinión pública más confusión que claridad. No estará de más, por ello, apuntar algún principio con que intentar moverse entre las tinieblas provocadas por los intereses de partido. El primero consiste en subrayar que tan legítimo es que gobierne la lista más votada, como que lo hagan los que en conjunto tienen mayoría. De hecho, el sistema de elección de alcaldes previsto en la ley electoral dispone que aquella lista gobernará solo cuando las restantes no sean capaces de elegir por mayoría absoluta un alcalde alternativo. A éste se une otro principio, también elemental: el respeto a la voluntad popular exige que en caso de pactos entre dos o más partidos, el candidato a alcalde sea el del partido más votado de los que componen la coalición de que se trate. Estos dos principios permiten obtener, así, algunas conclusiones enjundiosas: por ejemplo, la de que el PP carece de razón cuando pretende transmitir la idea de que es más democrático que gobierne la minoría mayoritaria y no la mayoría; también, la de que el BNG actúa de un modo generoso y responsable respecto al Partido Socialista cuando acepta un pacto en el que el Bloque tiene mucho que perder y el PSdeG mucho que ganar: o, en fin, la de que es impresentable la pretensión de los socialistas alaveses, que exigen el apoyo del PP para la Diputación Foral de Álava, donde son tercera fuerza, a cambio de dar al PP la alcaldía de Vitoria, donde el PP ha obtenido, como en Álava, más votos que el PSE. Queda, es cierto, una cuestión por aclarar: la de si la propiedad transitiva puede aplicársele a los pactos postelectorales. Es decir, la de si es justo criticar a alguien (el PSOE) por pactar con quien (IU) mantiene, a su vez, pactos con el PNV que podrían conducir a España al borde del abismo. Es ésta una cuestión de tanta trascendencia que, si la realidad no lo impidiera, les prometo tratarla el próximo domingo.