NO PARECEN discurrir por el mejor camino los pactos de nacionalistas y socialistas gallegos para concretar el modo de gobernar medio centenar de instituciones, entre ellas la Diputación de A Coruña y el Ayuntamiento de Vigo. Semana y media después de las elecciones ni siquiera han definido el alcance del acuerdo. En el saldo negativo, sin embargo, han puesto en juego tantas ofensas mutuas que cualquiera que ignore que la política es representación podría temer que existe peligro real de ruptura. Parece evidente que quienes tienen que enfilar más escaldados el camino del consenso son las gentes del BNG. En el mandato que termina el 14 de junio, globalmente ellos han sido más leales a sus socios, aún disponiendo de mayor número de escaños en varios concellos. Ahora, cabe dudar de quien guarda menos lealtad, a la vista del episodio de la nominación del candidato socialista a la presidencia de la Diputación coruñesa. El BNG ha puesto la proa al nominado sin argumentos suficientes, en tanto los socialistas han dado por hecho en público, antes de tratar el tema en privado, que Fernández Moreda presidirá el organismo coruñés. ¿Ganas de tensar la cuerda, o la convicción de que necesitan lanzar mensajes más o menos inequívocos a sus bases? Sí, la política es representación, pero los pactos PSdeG-PSOE/BNG no terminan en este acto, sino que constituyen solamente una parte de una representación mucho más amplia. En cualquiera de los cuadros, la situación puede romper, como acaban de demostrar en Cantabria Partido Popular y Partido Regionalista. A socialistas y nacionalistas gallegos la seguridad de que están llamados a entenderse no debe llevarles a la tensión innecesaria. Si quieren mantener sus cuotas de poder, e incluso en el futuro aspirar al control de la Xunta, saben que nada pueden hacer por separado. En la representación les convendría escenificar una comedia y no una tragedia, con el riesgo que comporta.