El gobierno de las minorías

| ARTURO MANEIRO |

OPINIÓN

NO DEJA de ser un tanto sorprendente esta técnica del gobierno de las minorías unidas. De nada vale que una fuerza o un partido político sea el más votado en un municipio o en una comunidad autónoma. Por mucha que sea la diferencia entre el primero y el segundo, todos los minoritarios se pueden poner de acuerdo y gobernar dejando de lado a la mayoría. Esto es legal pero no deja de ser una cierta distorsión del sistema democrático que pretende legitimar el poder por la mayoría alcanzada en las urnas. Ejemplo: en Vigo, la candidata más votada fue Corina Porro, el siguiente es Ventura Pérez Mariño, que tiene dos escaños menos, pero va a ser quien se constituya alcalde. Vigo no le ha elegido mayoritariamente. El sistema de las urnas no pretendía estas componendas, porque busca elección por mayoría. Lo mismo sucede en Madrid, pero con el agravante de que la distancia entre el primero y el segundo es mucho mayor. Otra cosa muy distinta es cuando hay empate entre dos fuerzas mayoritarias, como es el caso de Pontevedra. Aquí parece más lógico que la forma de dirimir el empate entre el PP y el BNG sea buscando el apoyo de un socio coaligado. Pero en algunos ayuntamientos se han producido relaciones del tipo 8-4-4-1 o 8-5-4 o 13-7-7, donde la decisión de las urnas señala claramente un ganador, aunque los acuerdos entre minorías puede cambiar el veredicto del denominado pueblo soberano. Este tipo de gobierno de las minorías podría incluso llegar a disculparse si no fuera porque estas mismas minorías son las que suelen mostrarse absolutamente contrarias a las mayorías absolutas. Muchos analistas, pensadores, comentaristas y tertulianos, junto con los partidos minoritarios siempre muestran su desacuerdo con la formación de mayorías absolutas, porque no favorecen, los pactos, ni los acuerdos, ni la participación de minorías. El panorama actual no sólo propicia sino que obliga al Partido Popular a que tenga mayoría absoluta en los lugares donde quiera gobernar. Y si se da esta circunstancia es una contradicción lamentarse o quejarse de que el PP gobierne con mayorías absolutas, porque no le permiten gobernar de otra manera. El sentido común de las urnas pide que gobiernen las mayorías, que cuando no son suficientes busquen ayuda, pero siempre debe ser el mayoritario quien busque apoyos para gobernar, nunca los minoritarios para trastocar la decisión de los votantes. Y si esto no gusta, los países civilizados han inventado la segunda vuelta para definir más la elección, para conseguir que quien ejerza el poder haya contado previamente con la mayoría de los votos depositados en las urnas. Todo lo demás suena a componenda.