Galeuzca

| ANXO GUERREIRO |

OPINIÓN

28 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

LOS RESULTADOS electorales producidos el domingo en el País Vasco, Cataluña y Galicia han mostrado de nuevo la vitalidad de la España plural, y han puesto de manifiesto, por enésima vez, que la expresión política diferenciada de las comunidades históricas es un componente estructural de nuestra democracia. Sin embargo, este importante fenómeno social apenas ha merecido la atención de la mayoría de los analistas españoles, entretenidos en temas menores y, en todo caso, menos transcendentes. Especialmente paradójico es el caso de Euskadi, que ha pasado de estar bajo la atención de todos los focos antes del 25-M, a la práctica desaparición de los análisis poselectorales. Pese a ese interesado olvido, el resultado electoral del País Vasco es particularmente relevante y elocuente. El estancamiento del PP indica, sin lugar a dudas, el agotamiento de un proyecto político, liderado por Aznar y Mayor Oreja, basado en la confrontación entre dos polos irreconciliables, el nacionalista y el no nacionalista. El buen resultado del PSE, su decisión de rechazar un pacto global con el PP y la recuperación de una política autónoma se traducirá en un evidente debilitamiento del frentismo, que sólo ha conducido al progresivo distanciamiento de Euskadi del resto de España y a la profundización del cisma interno en la sociedad vasca. Finalmente, el PNV, pese a su importante ascenso electoral ve como se difuminan los delirios soberanistas de Ibarretxe, frenados por el decisivo resultado electoral de Álava. Todo ello permite albergar la esperanza de que se abra una nueva dinámica política, posibilidad que debe ser explorada sin prejuicios, salvo que se quiera perseverar en un proyecto radicalmente fracasado. En Cataluña, el 25-M ha vuelto a confirmar las tendencias de fondo que históricamente se han venido expresando en aquella comunidad, y permite pronosticar, sin miedo al error, que en cualquiera de los escenarios que configuren los comicios autonómicos de otoño, el catalanismo político será una fuerza determinante. Tanto en el caso de que las elecciones alumbren un gobierno de izquierdas (PSC-ERC-IC), como si éste es estrictamente nacionalista (CiU-ERC). En Galicia, el BNG ha vuelto a demostrar su fortaleza e implantación, pese a que la pérdida de las alcaldías de Ferrol y Vigo hayan deslucido su resultado final. En este contexto, la izquierda española, si quiere recuperar plenamente la iniciativa y la centralidad política, está obligada a formular, desde la ineludible defensa del orden constitucional, un proyecto integrador, en el que todos, incluidos los nacionalistas democráticos, puedan sentirse cómodos y comprometidos con el Estado democrático y corresponsables con el proyecto europeo de la España plural. Sobre todo, cuando el PP parece dispuesto a instalarse indefinidamente en la confrontación, sin horizonte, entre dos nacionalismos, y la obstinación y falta de perspectiva del presidente Aznar impiden abordar este contencioso en toda su complejidad.