CUANDO este cronista hizo la mili en A Coruña, había aviones de transporte que nos llevaban de maniobras. Ignoro qué habrá pasado con ellos: habrán sido privatizados. Pero los había. Ahora, a pesar de que somos una potencia que intervenimos en acciones internacionales, el transporte militar se efectúa por el acreditado medio del alquiler. Supongo que se busca en el mercado la compañía chárter más barata y con mejores condiciones de seguridad. Lo que se dice «una buena relación calidad-precio». El alquiler es una opción de defensa original de nuestro país. Lo sabemos desde que nuestro Ejército alquiló un carro de combate para el último desfile del Día de las Fuerzas Armadas. Lo malo, lo terrible, es cuando se produce un accidente como el de Turquía. En ese momento, todos los españoles descubren que tenemos unos magníficos equipos humanos que ayudan a la reconstrucción física y humana de naciones desoladas, pero no hay medios de transporte propios. Parece que es bastante normal; que otras naciones también acuden al mercado del alquiler; que Europa está trabajando en un sistema que resuelva la situación. Y dice el ministro de Defensa que las condiciones de seguridad son las máximas que se pueden exigir. Todo esto fue verdad hasta la madrugada del lunes. Esa madrugada, este país entró en estado de indignación. Por lo menos, de incomprensión. Se sintió instalado en esa ficción elemental que presenta una presencia en la OTAN, una alianza para guerras, una participación multimillonaria en el proyecto Eurofighter , pero es todo fachada. El populismo añade: hay dinero para todo, menos para aquello donde se juegan tantas vidas humanas. Y hay algo de verdad en todo eso. Se busca el titular periodístico de las acciones humanitarias, pero dependemos de una compañía chárter con una autonomía de vuelo tan limitada que tiene que intentar un aterrizaje en condiciones suicidas. Eso sí: se consigue que las cuentas públicas cuadren. Ese es el éxito político. Espero, deseo, que esos 62 militares no sean las primeras víctimas del déficit cero.