Avión

La Voz

OPINIÓN

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

27 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

LA VIDA es un accidente muy serio como para jugar con ella. El Ejército español jugó con la vida de sus hombres al colocarlos en la tripa de un avión de las prestigiosas aerolíneas ucranianas. Me da igual que otros países de la OTAN hagan lo mismo. Los errores de los demás nunca pueden bendecir nuestros errores. Han muerto 62 hombres generosos, generosos porque estaban en misión humanitaria en Afganistán y lo que se merecían era regresar sanos y salvos, regresar y oír una banda de música de aplauso y no las salvas de homenaje a sus ataúdes. Han muerto padres, hijos, hermanos, de todo, pero es que han muerto como primos. Los expertos dicen que no entienden cómo el piloto intentó aterrizar por tercera vez en una pista imposible por la venda de la niebla y el azote de la lluvia. El piloto apostó la vida de nuestros militares como quien maneja un videojuego en vez de un pájaro de metal. La vida es una mueca absurda. Te tiras meses en Afganistán, donde aún resuena el eco de los disparos, sin un rasguño, y mueres en un segundo, en un lugar perdido de Turquía. ¿A quién abrazan ahora los familiares que les esperaban en el aeropuerto? ¿A sus féretros? ¿Al ministro? ¿A las azafatas de las prestigiosas aerolíneas ucranianas? cesar.casal@lavoz.es