HACE tan sólo unos días, en una rueda de prensa emitida en directo por la CNN, algunos periodistas preguntaban a Paul Bremer, el gobernador civil de Irak impuesto por los Estados Unidos, cómo iba a «depurar» la sociedad iraquí de todos los «elementos indeseables» del defenestrado partido Baaz. Sorprendido ante una pregunta que ponía de relieve la falta total de un plan coherente para la pacificación y reconstrucción de Irak, Bremer intentó salir al paso escudándose en la dificultad que suponía detectar a todos y cada uno de los antiguos colaboradores del régimen derrocado ya que estaban muy infiltrados en todos los estamentos políticos, sociales, económicos y militares del país. Solventada la complicada tesitura en la que le pusieron los periodistas, Bremer no ha tardado en encontrar la solución adecuada a un problema de semejante envergadura: la disolución de todos los cuerpos y fuerzas de seguridad de Irak. Y es que, ante la imposibilidad de detectar a los potenciales enemigos del nuevo orden, Bremer ha decidido que mejor que utilizar las corruptas e ineficaces estructuras existentes era más prudente y seguro empezar de cero apoyándose en las tropas en las que puede confiar: las norteamericanas y británicas. Es evidente que las fuerzas de ocupación están desbordadas ante la complejidad de la tarea encomendada. La mayoría de la población no los acepta; puede que les hayan librado de Sadam Huseín, pero el precio que han tenido que pagar es demasiado alto. La liberación ha llegado tarde y mal. Tras trece larguísimos años de agonía que podían haberse evitado si, durante la guerra del Golfo, se hubiera perseguido, como hace unas semanas, el derrocamiento del líder iraquí, tienen que padecer las consecuencias de los últimos bombardeos. Con temperaturas superiores a los cuarenta grados, con sueldos y pensiones que se han visto devaluados, sin agua, sin luz, sin medicamentos, tienen que soportar una nueva oleada de terror en la forma de saqueos y robos. No parece factible que, por muchos soldados que se envíen, se pueda iniciar la reconstrucción sin la colaboración directa de los interesados, más aún teniendo en cuenta que todavía existen focos de resistencia violenta. Sin fuerzas de seguridad indígenas, los norteamericanos y británicos tendrán que arbitrar urgentemente un sistema por el cual puedan determinar qué iraquíes colaboraban de forma voluntaria con el Baaz y cuáles no, apartar a los que no sean de confianza, iniciar un proceso de contratación aunque sea temporal para poner en marcha las infraestructuras básicas e incentivar el diálogo político para evitar que el chiísmo más radical se haga con el poder. Mientras tanto, averiguar cómo logrará Paul Bremer mantener el orden en Irak con las exiguas fuerzas de ocupación es quizás una de las incógnitas más importantes del futuro inmediato ya que, sin orden, difícilmente se podrán poner en práctica las primeras medidas de ayuda a la población tras el levantamiento del embargo. Como voluntaria me siento defraudada de los resultados electorales en Muxía. Tras haberme peleado con la Xunta que me daba cita para ir a limpiar en marzo (llamé a principios de diciembre), tras haberme buscado la vida y ocupar mi tiempo libre en limpiar, tras haber oído que los que fuimos a quitarles la mierda a domicilio íbamos a drogarnos y a robar o en el mejor de los casos a hacer turismo gratuito, ahora veo como en ese pueblo la gente apoya todo este tipo de historias. Ojalá no se repita semejante catástrofe, pero desde luego si se repitiese no creo que esté dispuesta a trabajar para que se les permita a algunos insultar a los que les estaban sacando las castañas del fuego. Quiero dejar constancia de que no pertenezco a ningún partido ni asociación política y que este año, con 30 cumplidos, me he estrenado en las urnas, y la única razón de esta carta es que me encanta el tesoro que tenemos en nuestra comunidad. Pero parece que algunos no lo saben apreciar. M.F.S . Pontevedra. O pasado sábado día 24 apareceu no seu xornal unha carta ó director sobre o tema dos campamentos da Xunta. Nela pídese que se aclare publicamente se son para fillos dos empregados da Xunta ou para todos. Quixera sumarme á solicitude de M.N.C., pois tamén intento que as miñas fillas e súas amigas poidan disfrutar deses campamentos e, a pesar de solicitar os cinco destinos, quedan excluídas de todos eles. Nembargantes, este ano fixen unha comprobación. Pregunteilles ás miñas fillas que rapaces, coñecidos delas, tiñan parentes traballando en dependencias da Xunta, e que casualidade, o entrar na páxina web para ver os rapaces agraciados no sorteo, atópome en que todos eles foron admitidos. Polo tanto, débese falar con propiedade. É un «sorteo dirixido», como en certos deportes. ¿Non é unha pequena casualidade que tódolos anos estes rapaces sexan «agraciados no sorteo»? Eu non coñezo a ninguén que lle toque a lotería do Nadal tódolos anos. E máis, ¿como é posible que nun sorteo sempre sexan admitidos os irmáns? Porque pola teoría da probabilidade, algún deles debería ter a mala sorte de non saír algunha vez. Non só iso senón que, antes do sorteo, xa se enorgullecen diante dos compañeiros en contar onde van ir porque teñen o seu parente nas oficinas da Xunta. ¿Con que cara aparecen o resto dos rapaces na casa? Imaxíneno. Por iso, solicito, como M.N.C., que os sorteos sexan públicos, así como tamén as resultas daqueles que logo non van. . Vigo.