Liebres y sardinas

| JUAN J. MORALEJO |

OPINIÓN

24 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

RECIBO a un colega y me lo llevo a que se le pasmen las retinas con lo que él ya conocía, pero sólo de nombre y en los textos de Mela, Plinio, Tolomeo y gente en ese plan. Quería yo que se le pasmasen las retinas, pero ya las traía pasmadas y casi se me queda ciego. Pasmó y repasmó, casi me hizo cuerpo a tierra, en la belleza de Iria Flavia, las Torres de Oeste, Cambados, O Grove, A Lanzada, Ons... Pero sobre todo pasmó porque en kilómetros de carretera parasitada y paisaje adyacente no acertó a ver ningún tipo de geometría lineal, plana o cúbica que le explicase el tuntún urbanístico que recorrimos y en el que, aparte la teima de arrimarse a la cuneta, no había ningún criterio, ni siquiera el de azar, chiripa, chamba, o ventura en la orgía de lo aleatorio por aspersión; hay que decir que también admiró el aluvión de falconcrés y de románico de los Cárpatos que se culminan en un alarde granítico con una columnata dori-cojónica que no se la saltan ni entre Ictino y Calícrates, que no pasaron de hacer el Partenón. Como mi colega es archiexperto en casos y cosas de nuestro pasado, le insinué una observación que le pareció suficiente o, al menos, no muy desnortada para lo que estábamos viendo: le recordé que en la tira de viviendas que hay en citanias y castros como Santa Trega lo único que no se ve o es excepcional es la pared medianera. Nuestro ¡Viva Cartagena! en la desordenación y parasitación del territorio tiene milenios. Cada cual donde le pete, pero, eso sí, con derecho a que del bien común se le den todos los servicios y todas las prestaciones con un costo que el tuntún multiplica por diez. Por toda Galicia y sobre todo cerca de las ciudades hay unas cuantas fochancas de negocio para pocos que, tras parasitar y anular la carretera, piden vía rápida con el dinero de todos. Pero el pasmo de las retinas se le agravó a mi colega cuando vio que por el mar corrían las liebres y por el monte las sardinas. Me preguntó si aquello era normal, de nuestra peculiar idiosincrasia, o si era anomalía para alarmarse. Lo tranquilicé haciéndole notar que esas maravillas se debían a que estamos en campaña electoral y que, en cuanto votemos, volverán las liebres a retozar por Xiabre, Xesteira, Lapido... y las sardinas disfrutarán de Cortegada a Ons, de Taragoña a Vilanova. Y decíamos al principio que mi colega ya traía un tanto aqueloutradas sus retinas porque había leído que en un mitin de la campaña dijeron que tiene que morir una generación entera de gallegos para que deje de ganar el PP. Mi amigo estaba alarmado y me preguntó si es que de verdad pensaban matarlos y quién. Le aseguré que el partido de ese mitin no mata a nadie y no tiene ni culpa ni intención de que le cuelen una botaratada de tamaño calibre. Las islas Cíes, al fondo, me dieron la razón.