Una elección indirecta

| ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

Para enviar preguntas: SON ELECCIONES directas aquellas en las que los electores eligen por sí mismos e indirectas aquellas otras en las que, por el contrario, lo hacen a través de sus representantes. En España se eligen directamente las Cortes, los parlamentos autonómicos y las corporaciones locales, casos todos en los que los votantes expresamos nuestras preferencias, que después se traducen en escaños a través de la regla D'Hondt ayer analizada. No acontece así con los alcaldes y los presidentes autonómicos. En el primero de los casos, la elección corresponde a los concejales de cada ayuntamiento, que podrán optar por cualquiera de los cabezas de lista de los partidos con representación en la corporación, pero que deberán elegirlo por la mayoría absoluta de sus miembros, es decir, por el voto de la mitad más uno de los mismos. Si ninguno de esos cabezas de lista la obtuviera, quedará elegido automáticamente el cabeza de la lista más votada. Los concejales podrán, pues, negociar y llegar a un acuerdo sobre la figura del alcalde: pero si no lo logran, acaban decidiendo los votantes. En el caso de los presidentes autonómicos, la elección funciona de una forma diferente: los diputados podrán elegir presidente a cualquiera de entre ellos, debiendo obtener el propuesto finalmente la mayoría absoluta en una primera votación y la simple, si no la consiguiese, en la segunda. Si el primer propuesto no obtuviera ninguna de esas mayorías se seguirán votando candidatos, con igual procedimiento, durante el período de dos meses contados desde la constitución del parlamento. Y si transcurrido ese período no hubiera todavía presidente se disolverán las cámaras y se celebrarán nuevas elecciones autonómicas. Es la sanción a la incapacidad del parlamento para alumbrar un ejecutivo. Soy un coruñés que he tenido la oportunidad de hacer turismo por las comunidades vecinas de Asturias, Santander y País Vasco. Como gallego siento una especial predilección por el paisaje típico de nuestra tierra, que tan parecido es (con matices), en las comunidades de la España Verde. Digo lo de matices porque aunque la vegetación, el clima y otros rasgos característicos se repiten a lo largo de las mismas, existe un hecho que, tan pronto se cruza el Eo, desaparece de nuestra vista hasta que volvemos de regreso a Galicia: se trata de las casas mal pintadas y sin pintar. No alcanzo a entender este fenómeno que tanto se repite en nuestra comunidad, casas construidas hace años que conservan su apariencia de obra en curso por culpa de no estar rematadas con su correspondiente capa de pintura. Relacionando este tema con otros que han causado nuestra preocupación y hasta nuestra indignación en estos días, me doy cuenta de que bueno sería arreglar el paisaje urbanístico pintando todas las casas de nuestros pueblos. En estas fechas de campaña, en donde todos los políticos se empeñaron en convencernos para que elijamos su candidatura, desde ya ofrezco mi voto al partido que más insista en promover la eliminación de este hecho que denuncio. Recurran a este eslogan, «Para alegrarnos la vista, pintemos máis». A Coruña. ¿Para quen son? Para os fillos dos que traballan na Xunta. Esto é o que deducín dende hai algúns anos, e máis agora en que, antes de que se faga o «sorteo», xa contan os rapaces a onde van ir seguro, porque seu pai ou nai traballa na Xunta ou coñece algunha persoa influínte. Logo do «sorteo», veñen as «resultas», ás que hai que ir a San Caetano ben cedo un día determinado, pero pode suceder como o ano pasado, que mentres os empregados da Xunta entraban como tal e se poñían os primeiros na fila, os demáis estabamos fóra agardando a que fose a hora de entrar. Ante as ameazas e os enfrontamentos dialécticos, tiveron que acceder a que houbese dúas filas, unha de «xunteiros» e a outra «dos demais». Pídolles ó Valedor do Pobo e ó señor presidente da Xunta que investiguen sobre estes «sorteos», e aclaren publicamente se son para fillos dos empregados da Xunta ou para todos. Se son exclusivamente para os primeiros, que non se convoquen e que os paguen eles co seu soldo. E se son para todos, que o sorteo sexa público e legal, así como tamén as «resultas» daqueles que logo non van. M.N.C. Santiago. La historia ocurrió hace cuatro años. La protagonista, una perra abandonada. La vida quiso que un joven y la perra se cruzaran en la calle. Él sintió pena y la llevó a su casa. La perra se llamaba Sila y huía despavorida, no se sabe por qué, al sonar una sirena. Una noche la perra oyó un ruido extraño en la habitación del joven. Entró y lo vio desplomado en el suelo. Emitió un gemido que nadie oyó, y entonces se dirigió a la habitación de los padres del joven. La madre se despertó y llamó al marido, intuyendo que algo raro ocurría. Se acercaron a la habitación del hijo, lo vieron en el suelo inconsciente. Algo serio le había sucedido. Lo llevaron inmediatamente al hospital, donde se salvó. Poco después, Sila murió con gran sufrimiento. «Gracias, Sila», rezará en la placa que los dueños pondrán donde está enterrada. Ángel Ruiz de Velasco Bellas. Ferrol.