Ajuria Enea

OPINIÓN

EL PALACETE que era la casa de la familia alavesa de los Ajuria fue regalado por la Diputación Foral de Álava al Gobierno Vasco, para que se convirtiera en la residencia oficial del lendakari. Pero el palacio pasó a la historia por ser la sede del pacto para la pacificación y normalización de Euskadi, la Mesa de Ajuria Enea. Las reuniones siempre fueron complicadas; pero también, un moderno método para buscar acuerdos entre Partidos muy distantes. Hoy, en mi casa de A Mariña, casi retirado de la política vasca, contemplo fotos de aquellos tiempos, y recuerdo a Bandrés, que fue quien logró la desaparición de ETA político militar en tiempos de UCD. Me decía Bandrés que lo moderno en política era llegar a acuerdos que consolidaran grandes soluciones para beneficio de la sociedad. ¡Que lejos queda aquella mesa! Había dos cuestiones claras. Nada de contemplaciones con ETA y su mundo de violencia, deberían dejar las armas para ser tenidos en cuenta. Pero el otro pilar que nos unía y transmitió confianza a la sociedad vasca y española fue la declaración del Estatuto de Autonomía como un punto de encuentro. Y llegó la generación de Ibarreche, elegido por Ardanza para impedir que fuera presidente del Gobierno vasco Eguibar, muy próximo a HB. Todos creíamos que los jóvenes del PNV habían aprendido que no se puede ser independiente, que sólo cabe el cambio de dependencia. Nos trajeron una confrontación sin precedentes. Quizá por tener enfrente a personalidades de mucha menor consistencia que los miembros de aquella Mesa. Por eso, hoy, en plenas elecciones, no hay ningún acuerdo o encuentro entre nacionalistas y constitucionalistas, incluso los de Ibarreche llevan al nacionalismo democrático a tomar el relevo de los de las pistolas y de las versiones de Batasuna. De estas elecciones debería salir otra generación capaz de encontrar el camino de Ajuria Enea.