Con Franco y con la democracia

CARLOS FERNÁNDEZ

OPINIÓN

12 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

SU ASCENSO a teniente general, saltándose a varios compañeros del escalafón, motivó la protesta de algunos de ellos, especialmente de Jaime Milans del Bosch. Se decía que Ibáñez Freire gozaba de la confianza de Suárez y Gutiérrez Mellado, lo que no ocurría, obviamente, con el futuro golpista. Había nacido en Álava el 25 de septiembre de 1913, participó en la Guerra Civil y en la campaña de Rusia con la División Azul, y no desembarcó en la política hasta 1960, en que su entonces valedor, el teniente general Alonso Vega, le nombró gobernador civil y jefe provincial del Movimiento de Santander. Después fue destinado, con igual cargo, a Vizcaya y más tarde a Barcelona. Era, entonces, teniente coronel, y, dentro de lo que se podía hacer en el franquismo, mantuvo un talante menos duro que su colega Felipe Acedo, recordado por su severa actuación como fiscal en el juicio que condenó, después de la guerra, a Julián Besteiro. En 1966 fue nombrado subsecretario del Ministerio de Trabajo, que regía Romeo Gorría. También desempeñó una consejería del INI y la delegación del Gobierno en el Canal de Isabel II. Vuelto al Ejército y, ya en la transición política, el Gobierno, tras el citado ascenso, le nombró director general de la Guardia Civil. Era ministro del Interior Martín Villa, al que había conocido cuando Ibáñez era gobernador de Barcelona y él delegado provincial de Sindicatos. También fue capitán general de Cataluña. En la remodelación del Gobierno Suárez, tras el triunfo de la UCD en las elecciones generales de marzo de 1979, fue nombrado ministro del Interior, sustituyendo a Martín Villa. Le correspondió uno de los períodos más sangrientos de la banda terrorista ETA y el estado de crispación de Ibáñez fue tal que llegó a declarar en una ocasión que «los terroristas caerán aunque tengamos que ir a buscarlos al centro de la tierra». El 2 de mayo de 1980 fue sustituido en el ministerio por Juan José Rosón, quien en vez de perseguir a los terroristas por el centro de la tierra, consiguió el alto el fuego de ETA político-militar. Ibáñez se retiró a sus cuarteles de invierno y a finales de los 80 pasó a la situación B, no volviéndose a saber de él (excepto algún testimonio aislado para un libro de historia) hasta su muerte la pasada semana en Madrid.