La ceremonia de los Max

| JORGE CASANOVA |

OPINIÓN

05 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Premios sin público París 1940, La gaviota , Atra Bilis , Escenes d'una execució ... ¿Les dicen algo estas palabras? A la mayoría, nada. Son las principales candidatas a recibir los premios Max de teatro que fallaron ayer en Vigo. Unos premios con un interés muy localizado y, en general, alejado del gran público. De todos los potenciales telespectadores, a menos de un 10% le interesaban los resultados. Inusitado interés La aportación de Galicia a la recaudación total del teatro en España ronda el uno por ciento. El número de representaciones bascula entre el dos y el tres por ciento del total nacional. De todos los nominados a los Max, más o menos la mitad se han podido ver en Galicia (y este ha sido un buen año). ¿De dónde sale este inusitado interés por conocer los mejores montajes del 2002? La cuestión electoral A la Xunta de Galicia no parecía importarle el escaso eco del teatro en Galicia cuando comprometió su ayuda para que la gala se celebrara en Santiago. Sólo abandonó la idea después de ver la gala de los Goya. Y el Concello de Vigo nunca hubiera ni considerado el desembolso si en los Goya no hubiera ocurrido lo que ocurrió. Ya saben, dentro de unos días hay elecciones. Un mapa limitado La peor parte de este juego se la lleva el Concello de Vigo, que se va a gastar una pasta «para poner a la ciudad en el mapa», según su alcalde. Pero sólo en el mapa socialista. En las autonomías gobernadas por el PP, la gala sólo se vio en Localia, que no es una cadena de masas. TVE la sustituyó por un especial sobre el Papa y TVG, que cubrió la señal para la Forta, tampoco la emite. El contraataque implacable Así que el interesante montaje de Flotats, el esfuerzo de Fernán Gómez o la imaginación de Mario Gas se han convertido en pequeñas piezas de un juego político que, si en un primer momento multiplicó el interés por los Max, ahora ha quedado silenciado por una cobertura televisiva de risa. Tenían, desde luego, todo su derecho a protestar. Pero el contraataque ha sido implacable.